El viento golpea con desgana los cristalesde la ventana, vibra temerosa dejando entrar por sus rendijas el miedo oculto de ahí fuera. Esa oscuridad que enfría mi cama arrugada, la rodea como elevándola del suelo, parece estar en otro plano, allí sola, esperando ser tronada por dioses. Desde mi rincón observo todo con detenimiento, con calma, veo esa luz amarillenta algo sucia, hace unas sombras casi grotescas en las paredes, dando un ambiente tétrico y anticuado. Unas grietas en la pared blanca tiempo atras, dan sensación de abandono y decadencia. Un paquete de tabaco rubio arrugado sobre la mesilla de noche, solitaria y descolorida, a falta de un tirador en su único cajón, un pedazo de cartón detiene ese tembleque de cojera anciana. El acceso a la estancia se encuentra controlado por una puerta de madera mal pintada en un marrón chocolate, un grueso hilo de luz irrumpe por debajo haciendo juego con el resto de la iluminación. Nada se escapa a mi control, continuo sentado en el suelo, en mi rincón, en mi mano una botella medio vacía agarrada por el cuello se encarga del olvido humano, del dolor del alma, de las sombras del corazón marchito. La noche me abraza en esta soledad loca, absurda, deseo que nunca termine, que la Luna sea testigo eterno de mi pesar agudo, de mi vacio deshumanizado, tan sólo el humo de algunos cigarrillos enturbia con su densa niebla gris aquél paisaje sin a penas color..., esperando que la muerte me alcance de repente, sólo espero que sea antes de perder la cabeza del todo...... dicho queda.
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