sábado, 7 de enero de 2012

VIVO COMO UN AUTISTA PENSANTE...


    Saltando de charco en charco voy, esquivando lo que puedo, agachándome para no sufrir el fuego de esas balas que silban a nuestro alrededor, dejándonos ver lo justito nada más para no llamar la tención. Asomarse un poco a esa ventanilla, y mirar de erre ojo para todos lados como queriendo mirar sin ser  visto. Escondiéndome a cada paso de esquina en esquina, oculto por la oscuridad de nuestros miedos, asomo la nariz de vez en cuando para que no se olviden de que existo, pero en seguida la vuelvo a esconder metiéndome bajo tierra como los topos. En mi mundo de imágenes difumino la realidad de mi yo interno, nadie me entiende, tan solo mis cosas saben lo que demando a voces con ecos en el olvido. Me siento solo en compañía de nadie… observo y no siento nada, ni bien ni mal, tan solo el hondo penar que en mi alma respiro…  como un fantasma por mi castillo de cristal camino, me muevo entre los espectros que no se fijan en mi presencia, les grito, les ahogo en mis penas, casi los abofeteo pero nada, ni se inmutan, tan solo caminan de acá para allá como si nada, sin un destino aparente, como queriendo llegar a ninguna parte.
    Ando cabizbajo por esas calles del Madrid antiguo, escuchando los gritos agudos de los que más miedos sienten, atronan con sus lamentos apagados por el mal tiempo, pero yo continuo ciego, en mi abismo me detengo y miro al infinito, después cierro los ojos y dejo que el viento me roce tan solo un poco, lo justo para sentir su movimiento…, lo respiro de cerca, casi lo mastico, lo siento vivo…
    Coches haciendo ruido y quemando petróleo de cadáveres hecho,  que dejan el olor de sus escapes contaminantes tirando ese oro negro, sus luces irrumpen contaminando las miradas tenues, los chillidos de los frenos, portazos de viajeros…    Sus aromas a refritos en las esquinas de algunas calles, soledad gritada y empujones a destiempo, compras de última hora, disculpas falsas con abrigos de paño bueno y gorritos de otros tiempos venidos de moda como nuevos, miradas con recelo de extraños por el mundo revueltos, entremezclados obligados que se apresuran en sus cosas de razas buenas. Músicos callejeros de todo tipo y color amenizan esos traslados humanos a pie entre luces diurnas,  y que en falta se echan entre las de neón nocturnas… en estas oscuras solo se ven putas en las esquinas y camellos de los que los únicos regalos que portan son sicotrópicos químicos y pajes con los bolsillos llenos de dinero de unos cuantos ilusos faltos de mente y de voluntad propia, carteristas y borrachos de fiestas chungas saca cuartos… mendigos de otros mundos que a parar vienen a este país con puertas doradas abiertas, culo y cubo de basura de Europa, pedacito de África conquistado por cientos de años. No sabemos bien nuestro lugar en este planeta ahogado por las aguas de esos mares descongelados, queremos la vanguardia pero por nuestra mentalidad merecemos lo contrario…   Yo sigo mirando al suelo para ver si me encuentro algo, que del cielo solo puede venir algún excremento de aviadoras que emigran a buscar los calores de otros lugares, sigo vacío por darme cuenta de todo esto, siento sus cuerpos helados y huecos, sus manos temblorosas y muertas por verse atadas por los políticos necios y de ansias plenos, ahora veremos quien hace lo que debe, y quien critica lo que otros no hicieron y a lo mejor ellos tampoco hacen aunque se vean obligados a ello. Mantengo mis manos dentro de los bolsillos de mi americana nueva, una gorrita negra, y un pañuelo gris y negro al cuello, la cartera seca y los ojos llenos de lágrimas… tan pobre y tan rico a la vez me siento… no pasa nada… yo solo me entiendo en mis dudas y pesares solos… estaré poco cuerdo?, será que la mollera se desprende de la lógica de los comunes humanos?... no lo creo, tan solo soy un pobre pensador de los de a poco, de los que se fijan en lo que nadie da importancia… de los que ya no quedan… o de los que ya poco asoman… dicho queda, pormilaber.

CUENTOS DE NAVIDAD, 1

   Hace tanto tiempo que no escribo, que ya casi ni recuerdo cuanto... pero ya lo hechaba de menos, os boy a relatar una historia en parte real y en parte no tanto, para algunos de los que la leáis, sabréis apreciar la realidad de la ficción, el resto solo vereis un simple relato.
    Cuentan los andantes de esos tiempos de antes, los que aprenden y más tarde enseñan, esos que llenos de sabiduría de la vida se ven repletos de tanto viaje a destajo, que en una ciudad pequeña había un niño viejo, con cabellos negros y ojos de miel, carita de Ángel y alma de bondad llena, andares de patito a gracejo y hechos de hombre sabio. Iba siempre acompañado de su bastón y su mochila de tela, un gorro de paño y unas gafas de las de ver.
    Por las tardes iba viajando por esos caminos de Dios, de sombra en sombra saltando, disfrutando de cada canto, del griterío de las chicharras, de los picotazos de ese sol de justicia infernal que a poquitos te va requemando los cueros, canturreando iba pasando el rato cuando de repente se detuvo girando el cuello a la derecha y vio sin pestañear un árbol raro, distinto a los demás. Como un imán se vio acercado a él, se puso debajo, miró hacia arriba con los ojos bien abiertos, tanto que las cuencas casi se le vacían, el gorrito se le fue abajo quedando con el hueco para arriba, sonrió sin saber muy bien porqué, respiró profundo llenándose de ese aroma a campo, a naturaleza virgen. Se acercó hasta el tronco, lo tocó con dulzura, casi acariciándolo... se dio media vuelta apoyó en él su espalda y se dejó caer hasta verse sentado para ir deslizándose hasta estar tumbado, cerró los ojos un solo instante y... quedóse inmerso en un profundo sueño.
 

    La brisa era fría, te helaba la nariz y las orejas, la luz más bien escasa, se caminaba despacio ya eran muchos los kilómetros atrás dejados, el cielo de un negro cerrado, tan solo una luz en el firmamento se hallaba, la de una estrella que su estela nos iba guiando, al fondo el resplandor de unas llamas nos daban la sensación de calor humano...    Eran unos palos puestos de cualquier manera, un poco de paja en el suelo, algo de ganado en el fondo, un pesebre vacío, unos pastores sentados al rededor de la hoguera... estábamos como en casa, no muy lejos se escuchaba una música reconocida al oído, unos músicos transmitían cultura por medio de unos instrumentos raros para la época, me explicaron de lo que se trataba, dos de ellos tenían forma de cuerpo de mujer sin brazos ni piernas, y se  frotaba con un palo lleno de unos pelos blancos, otros de un color dorado con forma de ese y otros como un tubo delgado y de un tono como de plata, no paraban de sonar y lo hacía muy bien, relajaba el cuerpo y la mente despues de tanto viaje extraño.
Su música era nunca oída, extraña pero melódica, ese grupo tenía un nombre raro... empezaba por Trav... algo así, no lo recuerdo bien, tan solo el sonido se me quedó en la sesera grabado y muchos dias después lo anduve resilvando una y otra vez sin descanso.

    En la trastienda... si, detrás, allí donde nadie molesta.. se escucha un llanto de bebé recién nato, una mujer lo porta en sus brazos, los pastores la regañan, la llevan al lado de ese calor humano, tendido queda en el pesebre, cerca de esos cuatro palos llameantes. La estrella en el firmamento se detiene, queda clavada sin moverse, tres camellos llegan de Oriente portando sus dones desde tan largo. La música sigue sonando, cada vez más y más fuerte, todo el mundo sonríe... cantan con felicidad por la buena nueva, mientras el pobre bebé llora sabedor del fín que le espera...

    Vaya, ¿que ha pasado?... me he quedado doblado, que sueños más extraños se tienen cuando el Lorenzo te castiga la azotea... El joven se levanto, estiró el cuerpo con un gesto que parecía romperse y continuó saltando al tiempo que silvava una extraña música rara para la época.... besos, y ya se terminó, espero que ayer los Reyes Magos os trajeran todo lo que en vuestras cartas pedisteis... A mi me trajeron buenos amigos y sin haber escrito carta alguna, será que ellos son sabios...