Vaya… ¿Dónde estaré?... a mi alrededor solo veo sombras que viajan de acá para allá, que será esto?, parece … ups¡¡, un hueco… se antoja seguro… humm¡¡¡¡¡, que agusto se está aquí, pero debo investigar, jejeje la temperatura es agradable… daré una vueltecita, espero encontrar algo que comer, todavía no he probado bocado. A la derecha había un artefacto que no dejaba de expulsar burbujas de aire , al tiempo que hacía un ruido ensordecedor… abajo , sobre unas piedrecillas de colores, lo que parecía un barco, pero como desmontado, junto a él, un submarinista atado a un barril , subía y bajaba unos centímetros sin parar de hacerlo, nunca se cansaba, tenía las gafas un poco torcidas, pero era gracioso, más al fondo, un ánfora con un enorme agujero hacía las veces de escondite.
Tras el barco, unas plantas acuáticas bailaban todas al tiempo en un consonante ritmo… parecía que estuvieran allí desde hace tiempo, su verdor era casi molesto, parecían mirarte como de erre ojo…, pero no molestaban realmente, solo estaban allí bailando jejeje, si te acercabas a la pared, todo se tornaba borroso, apenas se podía distinguir lo que del otro lado había. Me separaba unos centímetros y la cosa variaba bastante, lo borroso se convertía en sombras viajeras, hasta que de pronto, se abría en el techo una tapadera corrediza y llovía una cantidad desmesurada de alimento, que si conchitas de todos los sabores, hasta una especie de gambitas, era todo un acontecimiento, ya que solo ocurría una vez al día.
Algunas veces, lo que parecía una mano, golpeaba con los nudillos la parte exterior del habitáculo, las vibraciones eran insoportables, todo parecía que se fuera a desmoronar por momentos, ya se podía dar en donde yo le dijera¡¡ , por Dios, que dolor de cabeza, así no hay quien se concentre…, bueno, prosigamos nuestro viaje… no era difícil adivinar la hora , con asomar la cabeza…, se podía distinguir a lo lejos el viejo reloj de pared, pero eso es otra historia.
De cuando en cuando suelo subir y sacar la boca para lanzar agua a mis compañeros, ellos se enfadan, y con razón, no esta la cosa para bromas, Oscar era el más veterano, su tamaño era descomunal, imponía solo con observarle mientras daba sus paseos matutinos, erguido y majestuoso al tiempo, daba barias vueltas al recinto para no perder detalle de todas las novedades que se chismorreaban en todas y cada una de las esquinas, se detenía a mirarse en el espejo que colgaba de un extremo de la quilla del barco naufragado, se acicalaba un poco, y continuaba su paseo.
En el fondo se encontraba un vecino un tanto peculiar.. se trataba de el señor limpia fondos, nuca dejaba de remover las dichosas piedrecillas de colores, o si no, se ponía erre que erre a succionar las paredes casi verdosas de la estancia, es como el barrendero del barrio, nunca para de faenar, siempre hay algo que dejar reluciente. Cuando nos dan la comida, el se conforma con lo que cae abajo, nunca se atreve a ascender, es un poco miedosillo y tímido… , aunque en su submundo, es el Rey de la fiesta, todo el territorio es para él, ni disputas ni malos entendidos, solo él y su “escoba”, aunque yo no se lo cambiaría jamás, me dan escalofríos solo de pensar en estar allí siempre tan solo y oscuro…
Una vez al mes como mínimo nos cambian el agua, limpian la pecera, recolocan las piedrecillas de colores, recomponen un poco el barco y el ánfora, para hacerlo nos cojen con una especie de raqueta y nos zambullen en un cubo, parece desagradable, pero en realidad nos gusta salir de allí por un ratito, cuando regresamos esta todo reluciente, como con olor a limpio… aunque los peces no podemos oler, pero es una sensación muy agradable, a Oscar le ponen a él solito en un cubo enorme, como es tan grandote…., algunas veces encontramos novedades en el acuario, o bien algún que otro objeto decorativo, o un nuevo vecino, en cualquier caso la novedad es siempre bien recibida, en seguida nos damos prisa por investigar, unos se pelean por el nuevo hallazgo, otros en cambio nos limitamos a aceptar y continuar con nuestras vidas.
A parte de Oscar el grandullón, existen otros inquilinos, tenemos hasta escuela de artes marciales, si, es cierto, se pasan todo el tiempo practicando la lucha, algunas veces nos enseñan algunos trucos y participamos persiguiéndonos los unos a los otros, es divertido aunque es algo peligrosillo, pero no pasa de ser un juego entre vecinos. Los neones nos encontramos algo más abajo, no paramos ni un solo momento, somos la alegría de la huerta… estamos siempre bastante juntitos, como en un banco en medio del océano. El caballito de mar se camufla entre las algas para no llamar la atención, es muy tímido, aunque todos sabemos perfectamente donde está, nos hacemos los distraídos para que no tenga que estarse cambiando de sitio a cada momento, es el camaleón del barrio… en cambio, la estrella de mar lucha por estar siempre en primera fila en todos los actos públicos , es muy coqueta y siempre suele ir vestida de rojo.