domingo, 13 de noviembre de 2011

Bailes de ensueño

    Al son de la música danzaba la joven, entre aplausos y risas transcurría la noche, las miradas poco calmadas de los espectantes aplaudidores eran espesas, el ambiente cargado hacía duro el paisaje oscurecido de las horas tardías... una puerta al fondo de la sala se abre dejando pasar la poca luz de la calle, un personaje altivo irrumpe suntuoso con ademanes de hombría forzada. Sale de entre la multitud a empujones, mira a la joven a los ojos y la tiende la mano... ella desconfía por ser hermoso y decidido, él la invita nuevamente, ella al final asiente, como iba a dejar pasar una oportunidad así... el corpulento joven la toma en brazos sacándola del bullicio, la suelta en el suelo en un rincón apartado de las miradas indiscretas tapados con unos cortinajes de color púrpura, en ese privado solo entraban los clientes selectos, ella reticente en un principio se deja llevar por el momento, pero el apuesto caballero con un movimiento leve de muñeca la hace girar sobre si misma, una y otra vez, haciendo círculos al tiempo, de repente la frena cogiéndola por la cintura mientras se acerca de un solo paso, resbalando con cautela serena la mano izquierda por detrás, allí donde la espalda pierde su santo nombre, la aprieta con firmeza contra él, comienza a marcar unos pasos desconcidos por la joven, pero él sabe lo que se hace y ella aprende con rapidez a seguirle, sin música, solo el ronroneo de una melodía al aire de sus labios tersos, casi jugosos y apetecibles a un tiempo... la joven entra en un estado de embriagez absurda mientras se desliza por la tarima encerada del reservado. La noche transcurre rauda y la pareja se deshace en arrumacos musicales y danzas misteriosas, la excitación de ambos se respira en el ambiente...

    Ya entra la madrugada, cuando los últimos clientes repletos de ese agua de fuego empiezan a ser insoportables, se abre una vez más la puerta del fondo, esa luz tenue irrumpe silenciosa, unos pasos secos se escuchan lejanos, ruidos metálicos acompañan la marcha de dos tipos con seriedad sepulcral, decididos se acercan a las cortinas del reservado, asoman dos cañones cruzados disparando barias veces, el joven cae al suelo manchado de sangre, la joven mira sus manos teñidas de rojo y cae a su lado bañándose en ese líquido anunciador de muerte, los cañones humeantes desaparecen de entre los cortinajes de ese color semejante. La joven mira  a ese semidios a los ojos y él clava la suya hasta que un brillo opaco queda marcado en las retinas de la hermosa bailarina, una lágrima resbala por la mejilla hasta caer a la tarima dejando un profundo surco en el alma de la mujer consciente mientras maldice la vida de sus ejecutores...