Aqui yace un alma, que, desterrada de su propio olvido, vagabundea cabizbaja. Viaja de acá para allá sin a penas detenerse más de lo justo, observa con la mirada perdida, con ese mirar gris y opaco que tienen algunas almas viejas, castigadas de tanta vida pasada y de duelo llena. Ese profundo mirar gélido, que atormenta en las noches silenciosas y solas... A penas roza la carne separada de los huesos y mal oliente, su pestilencia se hace notar desde lejos, llega a enturbiar todo a su alrededor, dejándonos mareados y Asqueados.
Oscuridad absoluta sin cerrar los ojos, cánticos en forma de lamentos se escuchan a lo lejos, sombras temblorosas que surgen de las llamas del caldero. Llantos de algunos, risotadas siniestras de otros. Dolor que sale de la tripa de la preñada desgarrado sin piedad para conseguir ver la luz de un nuevo amanecer.
Silencio, ni respireis siquiera, sólo observad tan sólo, no molestéis al carnero rojo, dejad q pase de largo, q atormente otras almas, que la mía ya va muy gastada de tanto usarla...