Era algo pequeño para ser uno de los gnomos más acianos de la zona, sus pies eran enormes y su barba laaaarga como una montaña llena de nieve, tenía las manos grandotas y los dedos un poco gordos, pero fuertes, eso si, cuando caminaba parecía como si bailase al son de alguna cancioncilla de las de antes... haciendo agitarse el bolsillo de su pantalón lleno de semillas de algunas plantas del lugar. Iba descalzo, como todos en la aldea, llevaba un gorrito hecho de paja para que el sol del verano no le calentase las ideas, según contaba él mismo en sus charlas matinales, mientras tomaba un delicioso te de hierbas con sus amigos en la terraza de la posada. Una camisa del color del trigo seco acompañada por unos pantalones de un color azul cielo, adornaban ese viejo cuerpecillo mientras caminaba por esos caminos de tierra de acá para allá, sin detenerse demasiado en los sitios para no parecer pesado. La pipa la llevaba siempre entre los dientes, y con ella daba coscorrones a los jóvenes que no hacían caso a sus indicaciones, solía sentarse en el río, acercándose a la orilla para poder observar a los pececillos en todo su esplendor, mientras el sol entraba en esas aguas cristalinas y dulces dando una sensación de paz y tranquilidad.
Aquel día el gallo cantó más tarde de lo habitual, parecía que el sol se había retrasado en su aparición matinal, como queriéndole ceder a la luna un poquito de su tiempo, pero no era así en realidad, en lo más frondoso del bosque salía humo de una vieja chimenea, en la casa habitaba un anciano druida llamado Talard White, en sus brebajes se notaban los aromas a hierbas conocidas en la zona, eran preparados con sumo cuidado por recetas celosamente guardadas en un armario de madera tallado por sus propias manos, allí se atesoraban libros de todas las épocas escritos por sus antepasados. En esta ocasión intentaba manejar los ciclos de veinticuatro horas, no se sabe muy bien para que... pero allí andaba liado con sus pócimas, mezclando y re mezclando sin parar. Cuentan los más ancianos de la zona, que hace ya muuuuchos años, cuando la tierra porta su manto blanco y nos gusta acurrucarnos delante y muy cerquita de la chimenea, que hizo desaparecer un jumento con un solo pase de sus manos, no se sabe si anda por esos bosques perdido todavía o si el pollino se encuentra cerca de su casa, pero lo que sí esta claro es que nunca se supo más de el pobre animal.
Un poco más al norte, junto a un lago, se encuentra la cabaña del árbol, en su interior mora un duende cuyo nombre no se puede pronunciar, está prohibido, un Ada negra le echó una maldición hace ya muchos años, desde entonces nadie tiene permiso para pronunciarlo, todo el mundo se ha acostumbrado a llamarle Edcar(el duende de la cabaña del árbol), y así no hay problema. Es un gran alfarero, todo lo necesario para la casa se encarga de fabricarlo, sus cántaros de barro son famosos en toda la comarca, aquí no existe el dinero, se hace por el viejo sistema del trueque, es decir, se intercambian unos productos por otros.
Más al oeste, esta la granja de Fisvo, un gnomo, con unos kilillos de más, jejeje, sus gafas parece que se le van a caer en cualquier momento, siembra todo tipo de alimentos, tiene hasta árboles frutales. Se pasa todo el día en el campo arando , regando y sembrando para que cuando llegue la cosecha, todo el pueblo haga una fiesta, el vino lo pone su hermano, que presume de tener las mejores viñas de la zona, pero en realidad eso no importa demasiado, solo se trata de disfrutar y vivir con alegría...
Pero sin lugar a dudas, el componente más importante de este cuento es un hada, diminuta como una luciérnaga, brillante como el más fuerte de los rayos solares, siempre estaba revoloteando de acá para allá, tenía una bolsita atada a la cintura de un color ocre, en su interior tenía esos polvos mágicos, era capaz de hacer que la voluntad de algunos se tornara a su antojo, iba siempre cerca de los niños, eran sus favoritos en todos los juegos, solo ellos eran capaces de verla todo el rato pero solo si eran buenos, los adultos solo la veían cuando realizaban una buena acción el día de navidad, que era cuando iba de casa en casa saludando y felicitando a todos y cada uno de los vecinos de la aldea. Si el hada aparecía, eso significaba que todo iba bien. No hemos hablado de su nombre, era corto, fácil de recordar, sencillo de pronunciar, en una palabra, perfecto para un hada buena, se llamaba Eva, hermoso ehhh, sin duda al nacer tubo que desprenderse de ella una bocanada de esperanza, luz y armonía para ponerla un nombre tan bonito. El lugar donde vive es un tanto especial, lo podemos encontrar si miramos a lo lejos, si, allí donde los ojos casi no alcanzan, la veis?, no?, bueno, no os preocupeis, eso es que todavía no se ha despertado, y es que las hadas son muyyyyy dormilonas y les cuesta levantarse, de todos modos, hay que ser un niño bueno para poder verla... tu lo eres?, seguro?, seguro seguro?, no me engañes, te recuerdo que Eva lo sabe todo todo, cuando no haces los deberes, cuando dices palabrotas, cuando en el cole no te portas tan bien como sabes hacerlo, esas cositas tan fáciles que os cuestan a veces, pero ella casi siempre sabe perdonar, y seguro que en algún momento se deja ver, estad bien atentos y no perdáis detalle...
Segunda parte, UN NUEVO AMIGO UN TANTO EXTRAÑO.
En aquella mañana los pajarillos canturreaban con alegría alborotando el silencio del bosque, en medio de la espesura se escuchaba un voz que decía: venid¡¡ , venid todos aquí¡¡¡; todos los allí presentes corrieron a la voz de alarma para saber lo que pasaba. Estaba asustado, con los ojos muyyyy abiertos, la cara blanca y no paraba de mover los brazos en todas direcciones a la vez que daba saltitos sin parar de acá para allá. Uno de los mayores le preguntó que qué era lo que le había sucedido, el pequeño apuntaba tembloroso en dirección a una cueva en la colina...
Tras deliberar durante un rato se decidieron a ir a investigar lo que podía suceder en aquella misteriosa cueva. El grupo de los más valientes ya estaba formado, cuatro de los vecinos se atrevieron a adentrarse en aquella boca negra, parecía la de un ogro, oscura y húmeda, fría y tenebrosa... El primero entró con una lámpara de aceite seguido de los otros tres, que se agarraban los unos a los otros como haciendo el trenecito mientras miraban a todos lados hasta donde alcanzaba la luz de la lámpara. Se escuchaba las gotitas de agua cayendo desde el techo formando estalagmitas, a cada paso se iban encogiendo de miedo, la oscuridad les rodeaba casi por completo, un rumor se oía a sus espaldas provocado seguramente por la corriente de aire que había allí dentro. El pisar de aquellos piecitos sobre aquel suelo frío y resbaladizo se escuchaba en todas direcciones, los pasos se hacían cada vez más pesados y la luz más pequeña dentro de aquella oscuridad casi completa....
La lucecilla del pequeño candil se hacía cada vez más y más pequeña, y los valientes compañeros se juntaban cada vez más y más, ya estaban como una piña, cuando de repente, la luz se apaga agotada. Empezaron a temblar de miedo como si estuvieran en el polo norte en medio de una tempestad, empezaron a sentir ese frío que te corre por todo el cuerpo cuando el miedo se apodera de las personas, los dientes daban los unos contra los otros sonado como las castañuelas del mejor bailador de sevillanas... pero ellos continuaron caminando a pasitos cortos y con los ojos muy abiertos, como para querer ver donde no había nada, tan solo oscuridad. pero como todo en este cuento, alguien llegó en el momento justo, era el hada de nombre Eva, que con sus polvos mágicos rociaba a los pequeños para que pudieran continuar con su caminar... A lo lejos se escuchaba algo parecido a un lamento, sin duda aquel que fuese tenía que estar pasándolo mal, pero no hicieron caso de momento, ya que podía ser el viento o su propia imaginación por el miedo.
En el fondo salían dos caminos, parecían iguales, pero no lo eran en realidad, uno era ancho y bajito, el otro era estrecho y alto, por cual decidirse?, como eran cuatro los valientes pensaron en ir Carlos y Luis por la izquierda, Juan y Antonio irían por la derecha, Eva esperaría en el cruce por si alguno de los grupos tenía algún problemilla y así acudir en su ayuda.
Carlos y Luis empezaron a caminar guiados por su instinto, a lo lejos se veía una especie de luz intermitente que parecía indicar que el fin de la cueva estaba cercano. Por el contrario Juan y Antonio se pusieron a caminar rápido, el pasillo se estrechaba cada vez más y más, y ya no se veía el techo si mirabas para arriba, llegó un momento en el que ya no cabían y tuvieron que regresar al encuentro de el hada. Carlos y Luis, empezaron a tener que ir a gatas, la luz era cada vez más grande y luminosa, ya iban arrastrándose por el suelo como lagartijas, los codos les escocían un poco y las rodillas ya habían hecho un agujero en los pantalones, casi era imposible moverse, a unos centímetros de lo que parecía la salida, Carlos pudo sacar la mano. Algo agarró al pequeño gnomo y lo arrastró, Luis que se dio cuenta de cómo se movía su compañero se apresuró a agarrarse de su pie y salió con él despedido.
El aire era fresco y limpio, una luz potente casi les cegaba, se abrazaron y cerraron los ojos con fuerza mientras temblaban como una hoja seca. Carlos, que era algo más valiente, se atrevió a abrir un poquito un ojo, Ufffff¡¡¡¡, ¿qué es eso? dijo el pequeño asustado, era enorme como un árbol, vestía con una especie de túnica de color negro que le llegaba hasta las rodillas, algo raída y llena zurcidos, las mangas rotas por el codo, los pantalones eran de color marrón oscuro con rodilleras cosidas con trozos de la túnica negra. Sus manos eran enormes¡¡¡, la cabeza redonda, la nariz la tenía enrojecida, el pelo era ensortijado y lo llevaba alborotado y su color era negro como el carbón. El pequeño Carlos se le quedó mirando con cara de asombro y miedo, pero aquel individuo hacía lo mismo, de repente acercó su mano despacito a la cara del gnomo, este se quedó muy quieto, como petrificado, no sabía las intenciones que tenía, tocó su cara y luego agarró la nano del pequeño y dijo: ___ hola, me llamo Homer¡¡¡, yo Carlos contestó el gnomo, Luis abrió los ojos y miró a su compañero sin saber muy bien lo que sucedía, pero imitó a este sin pensarlo dos veces.
Tras charlar largo rato Homer les explicó que era un trol, y que llevaba allí mucho tiempo, se había caído cuando era muy joven por un hueco que había en el techo de aquella cueva, y no podía salir de ningún modo, que sus intenciones eran buenas, que no les iba a hacer ningún daño. Se pusieron a pensar cómo sacar al joven trol de aquel agujero, por el techo era imposible... demasiado alto, haciendo un túnel tampoco, las paredes eran de piedra, y estaban demasiado duras, por el agujero donde ellos habían entrado era demasiado pequeño para el bueno de Homer, las opciones se agotaban cuando de repente una voz amiga se escuchó cerca, era Eva , el hada de los pequeños que les estaba buscando desde hace rato. ¿Que hacéis aquí y quién es ese trol?, ellos se lo explicaron todo en pocos minutos, entonces el hada dijo: ___ ya lo tengo, voy a utilizar mis polvos mágicos y convertiré en diminuto a Homer y así podrá salir de aquí por donde entrasteis sin problemas, pues dicho y hecho, metió la mano en su bolsita y.... vaya¡¡¡ , dijo Eva sorprendida, no me quedan polvos mágicos¡¡¡¡, y no hay donde conseguir purpurina dorada de hadas, ¿purpurina dorada dices?, contestó Homer, pues claro dijo la buena de Eva, pero si aquí hay mucha, si rascas esas rocas amarillas de allí, sacarás toda la que quieras, Eva sonrió aliviada e hizo caso a Homer, rascó y rascó durante un momento y... siiiiii, aquí tengo polvos mágicos para muuucho tiempo, se los roció al trol y lo empequeñeció asta que pudo salir por donde llegaron los dos gnomos. El camino fue más corto de lo esperado, en la entrada de la cueva, estaban todos los vecinos de la aldea esperando la llegada del grupo con una fiesta por todo lo alto, ya que Eva había salido antes a explicar todo lo sucedido, y así no asustar a todo el mundo, el efecto de los polvos mágicos de hada desaparecieron al poco rato y todos pudieron disfrutar de la fiesta de la cosecha que tanto habían estado esperando, y colorín colorado, este cuento se ha acabado.
Ahhh, por cierto, ¿ya habéis visto al hada?, ¿no?, pues entonces es que no os habéis fijado bien, acaba de pasar por aquí ahora mismo¡¡¡¡, bueno.., no pasa nada, otra vez será, fijaos muy bien para la próxima vez, seguro que conseguís verla....
Aquel día el gallo cantó más tarde de lo habitual, parecía que el sol se había retrasado en su aparición matinal, como queriéndole ceder a la luna un poquito de su tiempo, pero no era así en realidad, en lo más frondoso del bosque salía humo de una vieja chimenea, en la casa habitaba un anciano druida llamado Talard White, en sus brebajes se notaban los aromas a hierbas conocidas en la zona, eran preparados con sumo cuidado por recetas celosamente guardadas en un armario de madera tallado por sus propias manos, allí se atesoraban libros de todas las épocas escritos por sus antepasados. En esta ocasión intentaba manejar los ciclos de veinticuatro horas, no se sabe muy bien para que... pero allí andaba liado con sus pócimas, mezclando y re mezclando sin parar. Cuentan los más ancianos de la zona, que hace ya muuuuchos años, cuando la tierra porta su manto blanco y nos gusta acurrucarnos delante y muy cerquita de la chimenea, que hizo desaparecer un jumento con un solo pase de sus manos, no se sabe si anda por esos bosques perdido todavía o si el pollino se encuentra cerca de su casa, pero lo que sí esta claro es que nunca se supo más de el pobre animal.
Un poco más al norte, junto a un lago, se encuentra la cabaña del árbol, en su interior mora un duende cuyo nombre no se puede pronunciar, está prohibido, un Ada negra le echó una maldición hace ya muchos años, desde entonces nadie tiene permiso para pronunciarlo, todo el mundo se ha acostumbrado a llamarle Edcar(el duende de la cabaña del árbol), y así no hay problema. Es un gran alfarero, todo lo necesario para la casa se encarga de fabricarlo, sus cántaros de barro son famosos en toda la comarca, aquí no existe el dinero, se hace por el viejo sistema del trueque, es decir, se intercambian unos productos por otros.
Más al oeste, esta la granja de Fisvo, un gnomo, con unos kilillos de más, jejeje, sus gafas parece que se le van a caer en cualquier momento, siembra todo tipo de alimentos, tiene hasta árboles frutales. Se pasa todo el día en el campo arando , regando y sembrando para que cuando llegue la cosecha, todo el pueblo haga una fiesta, el vino lo pone su hermano, que presume de tener las mejores viñas de la zona, pero en realidad eso no importa demasiado, solo se trata de disfrutar y vivir con alegría...
Pero sin lugar a dudas, el componente más importante de este cuento es un hada, diminuta como una luciérnaga, brillante como el más fuerte de los rayos solares, siempre estaba revoloteando de acá para allá, tenía una bolsita atada a la cintura de un color ocre, en su interior tenía esos polvos mágicos, era capaz de hacer que la voluntad de algunos se tornara a su antojo, iba siempre cerca de los niños, eran sus favoritos en todos los juegos, solo ellos eran capaces de verla todo el rato pero solo si eran buenos, los adultos solo la veían cuando realizaban una buena acción el día de navidad, que era cuando iba de casa en casa saludando y felicitando a todos y cada uno de los vecinos de la aldea. Si el hada aparecía, eso significaba que todo iba bien. No hemos hablado de su nombre, era corto, fácil de recordar, sencillo de pronunciar, en una palabra, perfecto para un hada buena, se llamaba Eva, hermoso ehhh, sin duda al nacer tubo que desprenderse de ella una bocanada de esperanza, luz y armonía para ponerla un nombre tan bonito. El lugar donde vive es un tanto especial, lo podemos encontrar si miramos a lo lejos, si, allí donde los ojos casi no alcanzan, la veis?, no?, bueno, no os preocupeis, eso es que todavía no se ha despertado, y es que las hadas son muyyyyy dormilonas y les cuesta levantarse, de todos modos, hay que ser un niño bueno para poder verla... tu lo eres?, seguro?, seguro seguro?, no me engañes, te recuerdo que Eva lo sabe todo todo, cuando no haces los deberes, cuando dices palabrotas, cuando en el cole no te portas tan bien como sabes hacerlo, esas cositas tan fáciles que os cuestan a veces, pero ella casi siempre sabe perdonar, y seguro que en algún momento se deja ver, estad bien atentos y no perdáis detalle...
Segunda parte, UN NUEVO AMIGO UN TANTO EXTRAÑO.
En aquella mañana los pajarillos canturreaban con alegría alborotando el silencio del bosque, en medio de la espesura se escuchaba un voz que decía: venid¡¡ , venid todos aquí¡¡¡; todos los allí presentes corrieron a la voz de alarma para saber lo que pasaba. Estaba asustado, con los ojos muyyyy abiertos, la cara blanca y no paraba de mover los brazos en todas direcciones a la vez que daba saltitos sin parar de acá para allá. Uno de los mayores le preguntó que qué era lo que le había sucedido, el pequeño apuntaba tembloroso en dirección a una cueva en la colina...
Tras deliberar durante un rato se decidieron a ir a investigar lo que podía suceder en aquella misteriosa cueva. El grupo de los más valientes ya estaba formado, cuatro de los vecinos se atrevieron a adentrarse en aquella boca negra, parecía la de un ogro, oscura y húmeda, fría y tenebrosa... El primero entró con una lámpara de aceite seguido de los otros tres, que se agarraban los unos a los otros como haciendo el trenecito mientras miraban a todos lados hasta donde alcanzaba la luz de la lámpara. Se escuchaba las gotitas de agua cayendo desde el techo formando estalagmitas, a cada paso se iban encogiendo de miedo, la oscuridad les rodeaba casi por completo, un rumor se oía a sus espaldas provocado seguramente por la corriente de aire que había allí dentro. El pisar de aquellos piecitos sobre aquel suelo frío y resbaladizo se escuchaba en todas direcciones, los pasos se hacían cada vez más pesados y la luz más pequeña dentro de aquella oscuridad casi completa....
La lucecilla del pequeño candil se hacía cada vez más y más pequeña, y los valientes compañeros se juntaban cada vez más y más, ya estaban como una piña, cuando de repente, la luz se apaga agotada. Empezaron a temblar de miedo como si estuvieran en el polo norte en medio de una tempestad, empezaron a sentir ese frío que te corre por todo el cuerpo cuando el miedo se apodera de las personas, los dientes daban los unos contra los otros sonado como las castañuelas del mejor bailador de sevillanas... pero ellos continuaron caminando a pasitos cortos y con los ojos muy abiertos, como para querer ver donde no había nada, tan solo oscuridad. pero como todo en este cuento, alguien llegó en el momento justo, era el hada de nombre Eva, que con sus polvos mágicos rociaba a los pequeños para que pudieran continuar con su caminar... A lo lejos se escuchaba algo parecido a un lamento, sin duda aquel que fuese tenía que estar pasándolo mal, pero no hicieron caso de momento, ya que podía ser el viento o su propia imaginación por el miedo.
En el fondo salían dos caminos, parecían iguales, pero no lo eran en realidad, uno era ancho y bajito, el otro era estrecho y alto, por cual decidirse?, como eran cuatro los valientes pensaron en ir Carlos y Luis por la izquierda, Juan y Antonio irían por la derecha, Eva esperaría en el cruce por si alguno de los grupos tenía algún problemilla y así acudir en su ayuda.
Carlos y Luis empezaron a caminar guiados por su instinto, a lo lejos se veía una especie de luz intermitente que parecía indicar que el fin de la cueva estaba cercano. Por el contrario Juan y Antonio se pusieron a caminar rápido, el pasillo se estrechaba cada vez más y más, y ya no se veía el techo si mirabas para arriba, llegó un momento en el que ya no cabían y tuvieron que regresar al encuentro de el hada. Carlos y Luis, empezaron a tener que ir a gatas, la luz era cada vez más grande y luminosa, ya iban arrastrándose por el suelo como lagartijas, los codos les escocían un poco y las rodillas ya habían hecho un agujero en los pantalones, casi era imposible moverse, a unos centímetros de lo que parecía la salida, Carlos pudo sacar la mano. Algo agarró al pequeño gnomo y lo arrastró, Luis que se dio cuenta de cómo se movía su compañero se apresuró a agarrarse de su pie y salió con él despedido.
El aire era fresco y limpio, una luz potente casi les cegaba, se abrazaron y cerraron los ojos con fuerza mientras temblaban como una hoja seca. Carlos, que era algo más valiente, se atrevió a abrir un poquito un ojo, Ufffff¡¡¡¡, ¿qué es eso? dijo el pequeño asustado, era enorme como un árbol, vestía con una especie de túnica de color negro que le llegaba hasta las rodillas, algo raída y llena zurcidos, las mangas rotas por el codo, los pantalones eran de color marrón oscuro con rodilleras cosidas con trozos de la túnica negra. Sus manos eran enormes¡¡¡, la cabeza redonda, la nariz la tenía enrojecida, el pelo era ensortijado y lo llevaba alborotado y su color era negro como el carbón. El pequeño Carlos se le quedó mirando con cara de asombro y miedo, pero aquel individuo hacía lo mismo, de repente acercó su mano despacito a la cara del gnomo, este se quedó muy quieto, como petrificado, no sabía las intenciones que tenía, tocó su cara y luego agarró la nano del pequeño y dijo: ___ hola, me llamo Homer¡¡¡, yo Carlos contestó el gnomo, Luis abrió los ojos y miró a su compañero sin saber muy bien lo que sucedía, pero imitó a este sin pensarlo dos veces.
Tras charlar largo rato Homer les explicó que era un trol, y que llevaba allí mucho tiempo, se había caído cuando era muy joven por un hueco que había en el techo de aquella cueva, y no podía salir de ningún modo, que sus intenciones eran buenas, que no les iba a hacer ningún daño. Se pusieron a pensar cómo sacar al joven trol de aquel agujero, por el techo era imposible... demasiado alto, haciendo un túnel tampoco, las paredes eran de piedra, y estaban demasiado duras, por el agujero donde ellos habían entrado era demasiado pequeño para el bueno de Homer, las opciones se agotaban cuando de repente una voz amiga se escuchó cerca, era Eva , el hada de los pequeños que les estaba buscando desde hace rato. ¿Que hacéis aquí y quién es ese trol?, ellos se lo explicaron todo en pocos minutos, entonces el hada dijo: ___ ya lo tengo, voy a utilizar mis polvos mágicos y convertiré en diminuto a Homer y así podrá salir de aquí por donde entrasteis sin problemas, pues dicho y hecho, metió la mano en su bolsita y.... vaya¡¡¡ , dijo Eva sorprendida, no me quedan polvos mágicos¡¡¡¡, y no hay donde conseguir purpurina dorada de hadas, ¿purpurina dorada dices?, contestó Homer, pues claro dijo la buena de Eva, pero si aquí hay mucha, si rascas esas rocas amarillas de allí, sacarás toda la que quieras, Eva sonrió aliviada e hizo caso a Homer, rascó y rascó durante un momento y... siiiiii, aquí tengo polvos mágicos para muuucho tiempo, se los roció al trol y lo empequeñeció asta que pudo salir por donde llegaron los dos gnomos. El camino fue más corto de lo esperado, en la entrada de la cueva, estaban todos los vecinos de la aldea esperando la llegada del grupo con una fiesta por todo lo alto, ya que Eva había salido antes a explicar todo lo sucedido, y así no asustar a todo el mundo, el efecto de los polvos mágicos de hada desaparecieron al poco rato y todos pudieron disfrutar de la fiesta de la cosecha que tanto habían estado esperando, y colorín colorado, este cuento se ha acabado.
Ahhh, por cierto, ¿ya habéis visto al hada?, ¿no?, pues entonces es que no os habéis fijado bien, acaba de pasar por aquí ahora mismo¡¡¡¡, bueno.., no pasa nada, otra vez será, fijaos muy bien para la próxima vez, seguro que conseguís verla....