lunes, 7 de mayo de 2012

Sueños de pasión.


      Sueños de pasión,( segundo relato)
    Un vestido rojo sangre ceñía tu cuerpo marcando cada centímetro de piel, curvas insinuantes de lujuria hablaban a voces, el contoneo dulce de tus caderas alzaban las miradas de todos los hombres mientras con delicadeza encendías un pitillo con aroma a nostalgia. La luz tenue acariciaba el momento inspirando a los poetas a trazar renglones de desespero, nervios y tensión sensual se desbordaban en aplausos y silbidos con descortesía esperada y deseada por la joven rubia de bote, sus pechos marcaban el contorno de ese busto prominente, las piernas desplazaban ese monumento a la lujuria de acá para allá como en un desfile de ondas sonoras y sordas al tiempo, nadie se podía perder aquel baile nocturno.
    En el dormitorio del hotel estuve esperando cerca de una hora tu llegada, el cenicero tenía el fondo cubierto de colillas, el humo paseaba por toda la estancia haciendo que todo pareciese de novela policíaca, las cortinas a medio correr dejaban entrar la poca luz que las farolas de la acera del otro lado de la calle desprendían con la justa intensidad… el reloj sobre la mesilla de noche movía sus agujas marcando cada segundo de desespero por probar esa fruta madura, las sábanas estaban entre abiertas, como invitando a meterse en ellas y cerrar ese sobre fresco y limpio, a los pies de la cama un mantita perfectamente doblada daba un toque de calidez, me senté en un tresillo que dejaba ver lo que por la ventana sucedía, cualquier sonido me sobresaltaba deseoso y esperanzado. Tras la puerta que da al pasillo se escuchaban pasos de los vecinos fortuitos que llegaban a pasar la noche, ningún sonido de tacón femenino me hacía sospechar la esperada llegada de ese ángel envuelto en una tela con color de averno, si estuviera cerca lo habría notado, su perfume anunciaba la llegada de Cleopatra ante sus súbditos, era inconfundible y embriagador.
    Me quedé dormitando en mi asiento de primera fila, cuando de repente suena el timbre, un sonido corto, tenue, para no llamar la atención, me puse en pie y sin titubear abrí la puerta de la habitación. Allí estaba esa rubia despampanante apoyada en el quicio de la puerta , me miró de arriba abajo un par de veces, sonrió, me guiñó un ojo y me empujó con su mano derecha hasta casi tumbarme en la cama, se acarició por encima del vestido y me lanzó un beso con su mano derecha…   me quedé semi tumbado en la cama observando sin mediar palabra, ella se soltó el pelo que llevaba recogido con cierta gracia y dejó caer la melena que le alcanzaba a tapar los hombros por completo… se giró dándome la espalda descubierta hasta la parte inferior de la cintura, se acarició el trasero dándose un cachete final. Se giró de nuevo poniéndose esta vez de perfil, con su mano izquierda agarró su sabroso pecho estrujándolo, mientras con uno de sus dedos acariciaba el pezón endurecido por el momento, con la otra mano empezó a acariciarse el pubis con fuerza a la vez que con su dedo corazón apretaba el centro de ese monte buscando un placer certero, yo no sabía dónde mirar, arriba o abajo… la excitación era tal que el pantalón estorbaba por momentos… ella se daba perfecta cuenta de mi estado y sonreía de manera lasciva, lo que me ponía todavía más excitado…
    Se acercó a mi despacio… dejándose ver bien, marcando cada movimiento con armonía medida… puso sus piernas entre una de las mías, me tomo la mano y la metió por debajo de ese vestido con color de pecado… noté en seguida que no llevaba ropa interior, su jugo me empapó toda la mano, lo tenía rasurado, abrió un poco más las piernas e introduje uno de mis dedos entre sus labios, despacio… sin prisas… acariciándolo, rozando levemente su clítoris de vez en cuando, ella se estremecía lanzando pequeños gemidos… yo cada vez intensificaba más y más… ella se retorcía, temblaba… me agarró de los hombros para no perder el equilibrio mientras gozaba…, con mi otra mano la acariciaba un pecho dando pequeños pellizquitos a ese pezón duro,  ella se mordía el labio y entre velaba los ojos, estaba a punto de irse, y yo estaba a cien…
    Tras lo sucedido se quitó el vestido, yo mientras me apresuré a despojarme de mis pantalones, era escultural…  me empujó de nuevo, esta vez quedé totalmente tumbado sobre la cama desnudo de cintura para abajo… me agarró el miembro  y empezó a frotar sin freno, yo empecé a degustar el placer de esas manos cálidas, acercó su boca y se puso a lamer el glande al tiempo que su mano no paraba de viajar en ambas direcciones, mientras , con la mano que le quedaba libre, se acariciaba la vagina introduciendo uno de sus dedos mientras que con el otro se tocaba el clítoris… justo en el momento exacto se detuvo, yo respiraba a gran velocidad, el corazón me latía a tope de revoluciones, entonces ella se puso sobre mí, introdujo mi miembro dentro de su cuerpo y empezó a moverse sin parar, sus nalgas golpeaban con fuerza sobre mis muslos sonando a carne sobre carne, una y otra vez… nos retorcíamos de placer al tiempo que nos acariciábamos por todo el cuerpo, besos y lametones sin descanso acompañaban ese ritual ancestral…, yo agarrado a sus nalgas acompañaba la ida y venida cada vez con más y más fuerza, más y más… y másssss…..  La noche transcurrió con mil y una posturas imposibles, cada vez dominaba uno la situación, así hasta que el cansancio hizo mella quedándonos profundamente dormidos….
    Una luz potente me hizo abrir los párpados, tuve que poner la mano en la cara para cegarla un poco, era el sol que empezaba a molestar, tendí mi brazo al otro lado de la cama y no encontré nada, me incorporé , miré a mi alrededor pero no había nadie…, solo un aroma a perfume francés embriagaba toda la habitación. Sobre la mesilla una nota y algo de dinero, la cogí enfadado y me dispuse a leerla:
    “ Gracias encanto, me he tenido que ir, mi marido está a punto de regresar de su viaje, cómprate algo de ropa y una botella de buen vino, el próximo sábado en el mismo lugar, chao”
  La estrujé con fuerza en mi puño para luego lanzarla con desprecio, quien se cree que es?, vaya…  Me di una ducha caliente, cogí el dinero de la mesilla, me puse la ropa sin prisas y tras fumarme un último pitillo abandoné la estancia mientras entonaba silbando una vieja canción a corde con lo vivido, resistiré creo que se titulaba, no estoy muy seguro…,  “juas juas juas”.
    Bajé por las escaleras de madera vieja hasta llegar al vestíbulo, me asomé por la ventanita corredera e hice un gesto al recepcionista para que me cobrase el tiempo de más usado, pero me dijo que ya estaba todo pagado y que me podía ir, esto me hizo enfurecer, parecía que me estaba comprando,  pero no le puse más peros y salí a la calle mientras entonaba mi canción hasta llegar a la esquina para tomarme un buen almuerzo.