lunes, 18 de enero de 2016

Duele al final.

Cae la noche, sombras acechan el alma entre llantos solos, un corazón arrugado mira al cielo con los ojos envueltos en lágrimas saladas... El estómago se encoje retorciéndose bajo el pecho, dejando un vacío infinito, este vacío sube por dentro, llega a la garganta, no te deja tragar saliva, duele áspera como la lija del carpintero. Estrangula despacio, sin prisas..., casi riéndose del moribundo tonto, que creía que el corazón sincero todo lo puede, que el querer puro todo lo vence, que el amor refrenado y bien sujeto no estalla, no se agrieta... Nunca se imaginó unas cadenas tan duras y largas, unos muros tan altos y gruesos rodeando ese corazón tan bueno, tan puro, tan roto, tan desconectado........

Luna nueva...

Una brisa fresca acaricia mi piel, refresca de manera relajada, igual que el aire tenue que una cueva desprende en su boca oscura... Recorre cada centímetro como escogiendo esos rincones que nos programan el alma... De ese modo nos teletransportamos a una dimensión etérea, nunca visitada por humano alguno, solo nuestra, sola, inmensa.... Allí reposamos los huesos, nos quedamos tendidos, flotando en la oscuridad de ese eco que sale del pecho hondo, el que remueve las entrañas, las amasa sin mesura mientras nuestro corazón arde como las llamas del mismísimo infierno. Sin saber muy bien como esa sensación nos da, en realidad, una paz casi innombrable..., pecaminosa e íntima.

Suena un timbre conocido, amigo odiado que al amanecer nos expulsa de las sedas que envuelven aquello llamado sueño. Nos hace volver a este mundo de destierro encadenado, ritual empujado y de rodillas caído, espada de Damocles en nuestra cabeza flotando de manera amenazadora. La vida ejecuta los designios ignorantes casi premeditados... Pensados para enriquecer los bolsillos dorados de aquellos que mecen nuestro destino con vil metal. Con sueños pobres que nos amamantan mientras decrecemos, haciéndonos enanos eunucos mentales, que sin culpa aceptamos y tragamos por toda la eternidad absurda... Para morir unos días más tarde tras hundirse esta sociedad quebrada, a latigazos amamantada, a sorbos de vida prometida y luego robada.