sábado, 7 de enero de 2012

CUENTOS DE NAVIDAD, 1

   Hace tanto tiempo que no escribo, que ya casi ni recuerdo cuanto... pero ya lo hechaba de menos, os boy a relatar una historia en parte real y en parte no tanto, para algunos de los que la leáis, sabréis apreciar la realidad de la ficción, el resto solo vereis un simple relato.
    Cuentan los andantes de esos tiempos de antes, los que aprenden y más tarde enseñan, esos que llenos de sabiduría de la vida se ven repletos de tanto viaje a destajo, que en una ciudad pequeña había un niño viejo, con cabellos negros y ojos de miel, carita de Ángel y alma de bondad llena, andares de patito a gracejo y hechos de hombre sabio. Iba siempre acompañado de su bastón y su mochila de tela, un gorro de paño y unas gafas de las de ver.
    Por las tardes iba viajando por esos caminos de Dios, de sombra en sombra saltando, disfrutando de cada canto, del griterío de las chicharras, de los picotazos de ese sol de justicia infernal que a poquitos te va requemando los cueros, canturreando iba pasando el rato cuando de repente se detuvo girando el cuello a la derecha y vio sin pestañear un árbol raro, distinto a los demás. Como un imán se vio acercado a él, se puso debajo, miró hacia arriba con los ojos bien abiertos, tanto que las cuencas casi se le vacían, el gorrito se le fue abajo quedando con el hueco para arriba, sonrió sin saber muy bien porqué, respiró profundo llenándose de ese aroma a campo, a naturaleza virgen. Se acercó hasta el tronco, lo tocó con dulzura, casi acariciándolo... se dio media vuelta apoyó en él su espalda y se dejó caer hasta verse sentado para ir deslizándose hasta estar tumbado, cerró los ojos un solo instante y... quedóse inmerso en un profundo sueño.
 

    La brisa era fría, te helaba la nariz y las orejas, la luz más bien escasa, se caminaba despacio ya eran muchos los kilómetros atrás dejados, el cielo de un negro cerrado, tan solo una luz en el firmamento se hallaba, la de una estrella que su estela nos iba guiando, al fondo el resplandor de unas llamas nos daban la sensación de calor humano...    Eran unos palos puestos de cualquier manera, un poco de paja en el suelo, algo de ganado en el fondo, un pesebre vacío, unos pastores sentados al rededor de la hoguera... estábamos como en casa, no muy lejos se escuchaba una música reconocida al oído, unos músicos transmitían cultura por medio de unos instrumentos raros para la época, me explicaron de lo que se trataba, dos de ellos tenían forma de cuerpo de mujer sin brazos ni piernas, y se  frotaba con un palo lleno de unos pelos blancos, otros de un color dorado con forma de ese y otros como un tubo delgado y de un tono como de plata, no paraban de sonar y lo hacía muy bien, relajaba el cuerpo y la mente despues de tanto viaje extraño.
Su música era nunca oída, extraña pero melódica, ese grupo tenía un nombre raro... empezaba por Trav... algo así, no lo recuerdo bien, tan solo el sonido se me quedó en la sesera grabado y muchos dias después lo anduve resilvando una y otra vez sin descanso.

    En la trastienda... si, detrás, allí donde nadie molesta.. se escucha un llanto de bebé recién nato, una mujer lo porta en sus brazos, los pastores la regañan, la llevan al lado de ese calor humano, tendido queda en el pesebre, cerca de esos cuatro palos llameantes. La estrella en el firmamento se detiene, queda clavada sin moverse, tres camellos llegan de Oriente portando sus dones desde tan largo. La música sigue sonando, cada vez más y más fuerte, todo el mundo sonríe... cantan con felicidad por la buena nueva, mientras el pobre bebé llora sabedor del fín que le espera...

    Vaya, ¿que ha pasado?... me he quedado doblado, que sueños más extraños se tienen cuando el Lorenzo te castiga la azotea... El joven se levanto, estiró el cuerpo con un gesto que parecía romperse y continuó saltando al tiempo que silvava una extraña música rara para la época.... besos, y ya se terminó, espero que ayer los Reyes Magos os trajeran todo lo que en vuestras cartas pedisteis... A mi me trajeron buenos amigos y sin haber escrito carta alguna, será que ellos son sabios...





    


   

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