martes, 25 de octubre de 2011

Calles tortuosas (proyecto de letra para canción)

Calles tortuosas repletas de ojos te observan, te desnudan mientras caminas con ese vestido suave, casi transparente... pegado a tu cuerpo marca esa figura de ensueño, casi de pecado... los corazones se ponen a mil si de repente te das la vuelta y sonríes mientras regalas un guiño dulce, cariñoso. Mientras tus labios saborean cada bocanada de aire fresco, tus curvas acompañan ese vaivén mientras caminas por esas calles tortuosas repletas de ojos que te observan... eres un sueño...
   Unas manos frías que te desean te persiguen por cada esquina, sus ojos clavados en tu nuca te marcan como un punto de mira, tu le echaste de tu vida por culpa de un roquero enganchado a la mala vida, persigues tu destino a golpe de amores vacíos y sin sentido, no se puede jugar a esa ruleta rusa sin perjuicios, ahora te tiene en sus manos, ya se acerca a tus curvas tocando ese vestido pegado a tu piel de deseo, portando en su mano ese puñal que ahoga los sueños, ya lo sientes en tus entrañas, quema en el olvido de un amor perdido por un sueño, caminando herida de muerte te balanceas por esas calles tortuosas repletas de ojos que te observan… ahora eres un fantasma que camina y al que nadie mira, ya no se nota tu presencia, esos ojos ya no miran… dicho queda, pormilaber.

miércoles, 19 de octubre de 2011

SOLO EN MI AGUJERO...

Cae la tarde, llega la noche oscura entre tinieblas de consuelo, amores perecederos ocupan mi cama desnuda y fría... Saco la mano por mi ventana , no llueve... es solo frío en las entrañas, los huesos se rompen por fuera, la piel pincha... escuece el alma por soledad y locura... En mis bolsillos no hay nada... tan solo ilusiones... futuros deslucidos por desventuras del destino... aterrado por el futuro de dos almas gemelas... acompañadas por dos suspiros de aliento apoyado en un sueño liberador de cuerpos... de mentes... de tiempos... de vidas... de amores bajo el tic tac del silencio... Grillos rebotan en mi mente cansada de pensares cortos... pellizcos de llantos sordos que me dejan agotado de insomnios a contrapelo... Canalladas de quien fue y ahora ya no es nada... bisturí mellado que corta a girones la piel muerta y desangrada por largos goteos... Amanece en las sombras un suspiro de aliento imperecedero, me ahogo en un sueño oscuro por un lamentoeterno... fuego en las entrañas... eso es lo que siento........

jueves, 13 de octubre de 2011

CUENTOS DEL BOSQUE BAJO. (primer cuento acabado )

    Era algo pequeño para ser uno de los gnomos más acianos de la zona, sus pies eran enormes y su barba laaaarga como una montaña llena de nieve, tenía las manos grandotas y los dedos un poco gordos, pero fuertes, eso si, cuando caminaba parecía como si bailase al son de alguna cancioncilla de las de antes...  haciendo agitarse el bolsillo de su pantalón lleno de semillas de algunas plantas del lugar. Iba descalzo, como todos en la aldea, llevaba un gorrito hecho de paja para que el sol del verano no le calentase las ideas, según contaba él mismo en sus charlas matinales, mientras tomaba un delicioso te de hierbas con sus amigos en la terraza de la posada. Una camisa del color del trigo seco acompañada por unos pantalones de un color azul cielo, adornaban ese viejo cuerpecillo mientras caminaba por esos caminos de tierra de acá para allá, sin detenerse demasiado en los sitios para no parecer pesado. La pipa la llevaba siempre entre los dientes, y con ella daba coscorrones a los jóvenes que no hacían caso  a sus indicaciones, solía sentarse en el río, acercándose a la orilla para poder observar a los pececillos en todo su esplendor, mientras el sol entraba en esas aguas cristalinas y dulces dando una sensación de paz y tranquilidad.

    Aquel día el gallo cantó más tarde de lo habitual, parecía que el sol se había retrasado en su aparición matinal, como queriéndole ceder a la luna un poquito de su tiempo, pero no era así en realidad, en lo más frondoso del bosque salía humo de una vieja chimenea, en la casa habitaba un anciano druida llamado Talard White, en sus brebajes se notaban los aromas a hierbas conocidas en la zona, eran preparados con sumo cuidado por  recetas celosamente guardadas en un armario de madera tallado por sus propias manos, allí se atesoraban libros de todas las épocas escritos por sus antepasados. En esta ocasión intentaba manejar los ciclos de veinticuatro horas, no se sabe muy bien para que... pero allí andaba liado con sus pócimas, mezclando y re mezclando sin parar. Cuentan los más ancianos de la zona, que hace ya muuuuchos años, cuando la tierra  porta su manto blanco y nos gusta acurrucarnos delante y muy cerquita de la chimenea, que hizo desaparecer un jumento con un solo pase de sus manos, no se sabe si anda por esos bosques perdido todavía o si el pollino se encuentra cerca de su casa, pero lo que sí esta claro es que nunca se supo más de el pobre animal.

    Un poco más al norte, junto a un lago, se encuentra la cabaña del árbol, en su interior mora un duende cuyo nombre no se puede pronunciar, está prohibido, un Ada negra le echó una maldición hace ya muchos años, desde entonces nadie tiene permiso para pronunciarlo, todo el mundo se ha acostumbrado a llamarle Edcar(el duende de la cabaña del árbol), y así no hay problema. Es un gran alfarero, todo lo necesario para la casa se encarga de fabricarlo, sus cántaros de barro son famosos en toda la comarca, aquí no existe el dinero, se hace por el viejo sistema del trueque, es decir, se intercambian unos productos por otros.

    Más al oeste, esta la granja de Fisvo, un gnomo, con unos kilillos de más, jejeje, sus gafas parece que se le van a caer en cualquier momento, siembra todo tipo de alimentos, tiene hasta árboles frutales. Se pasa todo el día en el campo arando , regando y sembrando para que cuando llegue la cosecha, todo el pueblo haga una fiesta, el vino lo pone su hermano, que presume de tener las mejores viñas de la zona, pero en realidad eso no importa demasiado, solo se trata de disfrutar y vivir con alegría...

    Pero sin lugar a dudas, el componente más importante de este cuento es un hada, diminuta como una luciérnaga, brillante como el más fuerte de los rayos solares, siempre estaba revoloteando de acá para allá, tenía una bolsita atada a la cintura de un color ocre, en su interior tenía esos polvos mágicos, era capaz de hacer que la voluntad de algunos se tornara a su antojo, iba siempre cerca de los niños, eran sus favoritos en todos los juegos, solo ellos eran capaces de verla todo el rato pero solo si eran buenos, los adultos solo la veían cuando realizaban una buena acción el día de navidad, que era cuando iba de casa en casa saludando y felicitando a todos y cada uno de los vecinos de la aldea. Si el hada aparecía, eso significaba que todo iba bien. No hemos hablado de su nombre, era corto, fácil de recordar, sencillo de pronunciar, en una palabra, perfecto para un hada buena, se llamaba Eva, hermoso ehhh, sin duda al nacer tubo que desprenderse de ella una bocanada de esperanza,  luz y armonía para ponerla un nombre tan bonito. El lugar donde vive es un tanto especial, lo podemos encontrar si miramos a lo lejos, si, allí donde los ojos casi no alcanzan,  la veis?, no?, bueno, no os preocupeis, eso es que todavía no se ha despertado, y es que las hadas son muyyyyy dormilonas y les cuesta levantarse, de todos modos, hay que ser un niño bueno para poder verla... tu lo eres?, seguro?, seguro seguro?, no me engañes, te recuerdo que Eva lo sabe todo todo, cuando no haces los deberes, cuando dices palabrotas, cuando en el cole no te portas tan bien como sabes hacerlo, esas cositas tan fáciles que os cuestan a veces, pero ella casi siempre sabe perdonar, y seguro que en algún momento se deja ver, estad bien atentos y no perdáis detalle...

                            Segunda parte, UN NUEVO AMIGO UN TANTO EXTRAÑO.

    En aquella mañana los pajarillos canturreaban con alegría alborotando el silencio del bosque, en medio de la espesura se escuchaba un voz que decía:  venid¡¡ , venid todos aquí¡¡¡; todos los allí presentes corrieron a la voz de alarma para saber lo que pasaba. Estaba asustado, con los ojos muyyyy abiertos, la cara blanca y no paraba de mover los brazos en todas direcciones a la vez que daba saltitos sin parar de acá para allá. Uno de los mayores le preguntó que qué era lo que le había sucedido, el pequeño apuntaba tembloroso en dirección a una cueva en la colina...

    Tras deliberar durante un rato se decidieron a ir a investigar lo que podía suceder en aquella misteriosa cueva. El grupo de los más valientes ya estaba formado, cuatro de los vecinos se atrevieron a adentrarse en aquella boca negra, parecía la de un ogro, oscura y húmeda, fría y tenebrosa... El primero entró con una lámpara de aceite seguido de los otros tres, que se agarraban los unos a los otros como haciendo el trenecito mientras miraban a todos lados hasta donde alcanzaba la luz de la lámpara. Se escuchaba las gotitas de agua cayendo desde el techo formando estalagmitas, a cada paso se iban encogiendo de miedo, la oscuridad les rodeaba casi por completo, un rumor se oía a sus espaldas provocado seguramente por la corriente de aire que había allí dentro. El pisar de aquellos piecitos sobre aquel suelo frío y resbaladizo se escuchaba en todas direcciones, los pasos se hacían cada vez más pesados y la luz más pequeña dentro de aquella oscuridad casi completa....
    La lucecilla del pequeño candil se hacía cada vez más y más pequeña, y los valientes compañeros se juntaban cada vez más y más, ya estaban como una piña, cuando de repente, la luz se apaga agotada. Empezaron a temblar de miedo como si estuvieran en el polo norte en medio de una tempestad, empezaron a sentir ese frío que te corre por todo el cuerpo cuando el miedo se apodera de las personas, los dientes daban los unos contra los otros sonado como las castañuelas del mejor bailador de sevillanas... pero ellos continuaron caminando a pasitos cortos y con los ojos muy abiertos, como para querer ver donde no había nada, tan solo oscuridad. pero como todo en este cuento, alguien llegó en el momento justo, era el hada de nombre Eva, que con sus polvos mágicos rociaba a los pequeños para que pudieran continuar con su caminar... A lo lejos se escuchaba algo parecido a un lamento, sin duda aquel que fuese tenía que estar pasándolo mal, pero no hicieron caso de momento, ya que podía ser el viento o su propia imaginación por el miedo.
 
    En el fondo salían dos caminos, parecían iguales, pero no lo eran en realidad, uno era ancho y bajito, el otro era estrecho y alto, por cual decidirse?, como eran cuatro los valientes pensaron en ir Carlos y Luis por la izquierda, Juan y Antonio irían  por la derecha, Eva esperaría en el cruce por si alguno de los grupos tenía algún problemilla y así acudir en su ayuda.
   Carlos y Luis empezaron a caminar guiados por su instinto, a lo lejos se veía una especie de luz intermitente que parecía indicar que el fin de la cueva estaba cercano. Por el contrario Juan y Antonio se pusieron a caminar rápido, el pasillo se estrechaba cada vez más y más, y ya no se veía el techo si mirabas para arriba, llegó un momento en el que ya no cabían y tuvieron que regresar al encuentro de el hada. Carlos y Luis, empezaron a tener que ir a gatas, la luz era cada vez más grande y luminosa, ya iban arrastrándose por el suelo como lagartijas, los codos les escocían un poco y las rodillas ya habían hecho un agujero en los pantalones, casi era imposible moverse, a unos centímetros de lo que parecía la salida, Carlos pudo sacar la mano. Algo agarró al pequeño gnomo y lo arrastró, Luis que se dio cuenta de cómo se movía su compañero se apresuró a agarrarse de su pie y salió con él despedido.
    El aire era fresco y limpio, una luz potente casi les cegaba, se abrazaron y cerraron los ojos con fuerza mientras temblaban como una hoja seca. Carlos, que era algo más valiente, se atrevió a abrir un poquito un ojo, Ufffff¡¡¡¡, ¿qué es eso? dijo el pequeño asustado, era enorme como un árbol, vestía con una especie de túnica de color negro que le llegaba hasta las rodillas, algo raída y llena zurcidos, las mangas rotas por el codo, los pantalones eran de color marrón oscuro con rodilleras cosidas con trozos de la túnica negra. Sus manos eran enormes¡¡¡, la cabeza redonda, la nariz la tenía enrojecida, el pelo era ensortijado y lo llevaba alborotado y su color era negro como el carbón. El pequeño Carlos se le quedó mirando con cara de asombro y miedo, pero aquel individuo hacía lo mismo, de repente acercó su mano despacito a la cara del gnomo, este se quedó muy quieto, como petrificado, no sabía las intenciones que tenía, tocó su cara y luego agarró la nano del pequeño y  dijo:  ___ hola, me llamo Homer¡¡¡, yo Carlos contestó el gnomo, Luis abrió los ojos y miró a su compañero sin saber muy bien lo que sucedía, pero imitó a este sin pensarlo dos veces.

    Tras charlar largo rato Homer les explicó que era un trol, y que llevaba allí mucho tiempo, se había caído cuando era muy joven por un hueco que había en el techo de aquella cueva, y no podía salir de ningún modo, que sus intenciones eran buenas, que no les iba a hacer ningún daño. Se pusieron a pensar cómo sacar al joven trol de aquel agujero, por el techo era imposible... demasiado alto, haciendo un túnel tampoco, las paredes eran de piedra, y estaban demasiado duras, por el agujero donde ellos habían entrado era demasiado pequeño para el bueno de Homer, las opciones se agotaban cuando de repente una voz amiga se escuchó cerca, era Eva , el hada de los pequeños que les estaba buscando desde hace rato. ¿Que hacéis aquí y quién es ese trol?, ellos se lo explicaron todo en pocos minutos, entonces el hada dijo:  ___ ya lo tengo, voy a utilizar mis polvos mágicos y convertiré en diminuto a Homer y así podrá salir de aquí por donde entrasteis sin problemas, pues dicho y hecho, metió la mano en su bolsita y.... vaya¡¡¡ , dijo Eva sorprendida, no me quedan polvos mágicos¡¡¡¡,  y no hay donde conseguir purpurina dorada de hadas, ¿purpurina dorada dices?, contestó Homer, pues claro dijo la buena de Eva, pero si aquí hay mucha, si rascas esas rocas amarillas de allí, sacarás toda la que quieras, Eva sonrió aliviada e hizo caso a Homer, rascó y rascó durante un momento y... siiiiii, aquí tengo polvos mágicos para muuucho tiempo, se los roció al trol y lo empequeñeció asta que pudo salir por donde llegaron los dos gnomos. El camino fue más corto de lo esperado, en la entrada de la cueva, estaban todos los vecinos de la aldea esperando la llegada del grupo con una fiesta por todo lo alto, ya que Eva había salido antes a explicar todo lo sucedido, y así no asustar a todo el mundo, el efecto de los polvos mágicos de hada desaparecieron al poco rato y todos pudieron disfrutar de la fiesta de la cosecha que tanto habían estado esperando,  y colorín colorado, este cuento se ha acabado.
    Ahhh, por cierto, ¿ya habéis visto al hada?, ¿no?, pues entonces es que no os habéis fijado bien, acaba de pasar por aquí ahora mismo¡¡¡¡, bueno.., no pasa nada, otra vez será, fijaos muy bien para la próxima vez, seguro que conseguís verla.... 

martes, 11 de octubre de 2011

ENCUENTROS ENTRE SUEÑOS...

       Cuando cae la lluvia se encienden los faroles del universo al verte parar en el escaparate de la esquina, tu cara mojada brilla a la luz de las estrellas fugaces, mientras sonríes al verme cuando te miro desde mi ventana tras los cristales, me sorprendo por tu sonrisa pícara, te la devuelvo con un guiño y tú me correspondes con un gesto, dejo caer la cortina y bajo a toda velocidad, no te veo. En la esquina descubro en el último segundo el reflejo de tu vestido, salgo corriendo a tu encuentro, me esperas en la puerta de al lado del estanco, la que está un poco más escondida... allí nos fundimos en uno solo... entre sollozos caemos al suelo, dentro , en el portal oscuro y húmedo nos desgarramos sin coger casi aliento, el corazón late a mil, manos por todas partes acarician cada centímetro de nuestra piel... 
    
    Desde mi ventana continuo soñando despierto, cada vez que te veo pasar caminando por la calle, en el barrio de antaño, donde las luces de las farolas parecen estrellas fugaces y su luz iluminan mis pesares, mientras cae la lluvia tras los cristales... dejo caer la cortina ... apago la luz, desaparezco entre las sombras y me hundo en mi cama fría y sola, para continuar soñando que un día saldré corriendo a la calle tras ese gesto de amor incondicional. Cierro los  ojos, ya casi duermo... mientras una imagen tuya me embarga de luces anaranjadas llenas de puntitos verdes y dorados... recorro mi piel mentalmente mientras imagino tus suaves manos sobrepuestas haciendo el mismo recorrido, una y otra vez, hasta que me quedo dormido con el dulce sabor de las ilusiones del corazón lleno, de pasión y amor verdadero, te quiero mi bien...

sábado, 8 de octubre de 2011

AMOR EN MIS SUEÑOS...

    ¿Cuando desaparecerá el rocío salado de mis ojos enrojecidos?, quien sabe... cada gotita resbala por la mejilla deslizándose hasta llegar a mis labios carnosos, sal con sabor a lágrima, trago saliva y duele... dejo entre ver una leve sonrisa al observarte pasear por el parque al atardecer... me encojo de hombros y pienso en ese instante, imagino momentos de pasión, segundos de gloria entre tus brazos, deja caer como sin querer una disculpa para acercarme a ti... lo necesito como el respirar... como el recorrer de la brisa por tu cuerpo marcado bajo ese vestido de gasa casi transparente, tu pelo se deja vencer al ritmo de tu movimiento de caderas, como indicando las pautas de un compás eterno en la inmensidad de tus ojos color azabache... te esperaré siempre... no tardes, aquí casi hace frío...

    Miro en mí tu futuro de pitonisa, salgo de mi ser y busco palabras de consuelo. Mi viaje astral comienza donde asoman tus sueños, me acerco a tus desvelos a hurtadillas, escondido dentro de tus pesares más absurdos, descansa mi bien, que yo estoy velando mientras duermes, sueña con migo esta noche... yo lo hago con tigo a cada instante... tu aroma llena toda la estancia de esencias a flores frescas recién cortadas... me impregno de ellas haciendo un elixir eterno, casi denso, ya te dejo descansar... disfruta de tu letargo forzado para el cuerpo gastado, muerte en vida mientras desconectas tus sentidos conscientes, solo sueños en tu mente alborotada, revuelta por los acontecimientos de un día a día obligado... relájate y vuelve mañana... te lo suplico... no me abandones en mis sueños...

                              Dicho queda,   pormilaber.

martes, 4 de octubre de 2011

Sepelio de mi abuelo (continuación de la primera parte)

Cada vez más y más cerca estaba, ya solo dos personas delante de mi, yo miraba de erre ojo a padre, el no me soltaba el hombro, menos mal, no llego a ver nada, menudo alivio... pero sin más, me veo elevar, era mi padre que cojió de las axilas,  me puso en el sitio y altura correctos, que imagen¡¡¡,jamás podre olvidarla, esa carita sumida, de un color pálido algo amarillento, los ojitos casi cerrados, dejaban entre ver un destello de brillo apagado, el lavio inferior mordido, como no queriéndose retirar de este mundo, una última bocanada de dulce aire recorrió esos pulmones secos de tanto tabaco quemado. Del mismo modo llegué al suelo, continuo caminando en esa fila fría y callada, un último adiós obligado se quedó grabado en mi mente para el resto de mis días...

    Me sentaron en una silla de madera dura con el respaldo arqueado, los pies colgando, el trajecillo  estirado, el brillo de mis zapatos se movían con un balanceo colgado, el lazo de los cordones bien apretado y perfectamente cuadrado en su justo lugar. Miro a todos lados, queriendo reconocer a quien más me reconforte, pero nada, solo caras de vista lejana, la habitación se me hacía estrecha, casi asfixiante, el nudo de la diminuta corbata me apretaba con fuerza la garganta, notaba las manos algo frías y sudadas. Quieto sin moverme demasiado, no sea que me obliguen a entrar en esa fila de reos, hubiera preferido recordarle como siempre, sin rodeos ni malos entendidos, directo como lo sentía...

    Una mano tocó mi hombro, miré a mi izquierda con temor, vaya¡¡¡¡, era mi tío que me reclamaba  indicándome salir fuera, yo acepté con gusto deseoso de huir de ese embrollo cuanto antes...  me puse en pie cabizbajo, queriendo guardar las formas, sigilósamente fui deslizándome por la sala hasta llegar al pasillo, alfinal de este estaba la puerta, entre abierta parecía una luz al fondo del tunel, esperanzado llegé a ella,  la abrí, y salí al porche del patio intrior con la cara diferente creo, mi tio sonrreia sabiendo el mal trago que había pasado.

    Allí fuera todo eran murmulos de mayores, mis primos todavía no habían llegado, vivían al otro lado y era época de cosecha, seguramente estaban algo atareados y ya no cabían las prisas, yo me encontraba solo, con tanto gigante sordo, necesitaba alguien de mi idioma de niño, ellos no saben de nuestras formas sencillas, son baratos en sus conversaciones, solo hablan del duro trabajo, de lo mal que siempre andan las cosas, de política barata, delos campos astiados, de las subenciones del estado, de esas cosasque en realidad a nadie interesan y ni comprenden en realidad. Nosotros los niños hablamos de cosas de más altura, donde va a parar, no necesitamos apariencias de sabio mengüado, ni de altezas vanas, solo jugamos a ser mayores en un mundo hecho para los medianos de talla y de espíritu.


   Algo aburrido pero un poco más tranquilo me dirijo del patio a la calle por esos portones de madera, hechos para que por ellos cupiesen los carros llenos de paja para las camas de las bestias, se abría una sola hoja para tener otras luces en el interior del caserón labriego. La acera era algo estrecha, por la carreterilla principal pasaban jinetes al galope en sus bastos caballos de tiro, carros a rebosar de alfalfa, trigo, o remolacha azucarera... otros a pie con el azadón al hombro, o con un cestillo de mimbre para recojer algunas frutas, lechugas o patatas para el sustento diario, me llegan saludos de todas partes por quienes no conocía de nada, pero en esos pueblos ya se sabe que todos te conocen y tu no sabes de nadie.

    La brisa suave mecía las ramas de los árboles de la plaza, en ella una cabina telefónica de esas de monedas, junto a esta una hilera de chopos daban sombra en la época estival. Más al fondo un pequeño tenderete de hormigón y madera en su tejado hacía las veces de escenario en las fiestas patronales, allá por mediados del mes de Junio creo si no mal recuerdo, en ambos lados unos bancos de madera teñida adornaban ese paisaje digno de cualquier pintor, cosa que jamás entendí, si la sombra estaba en los chopos.. por qué los bancos estaban al raso?, cosas de los arquitectos del ayuntamiento, que como ellos no se sientan al sol... pues unos bancos bajo esos estupendos árboles no vendría nada mal, y esto lo dice un niño de a penas ocho o nueve años...  De toda aquella fotografía me llamaba la atención especialmente una fuentecilla de un solo caño, en ella abrevaban los animales tras su trabajo diario, en un lado de la fuente y separado de estos, un ricón muy especial pensado para lavar la ropa a mano, en esta zona las mujeres sacudían con esfuerzo las telas enjabonadas para sacar de ellas todo ese sudor obligado en los campos leoneses de antaño.


 









Sabores de antaño... Titulo de la obra, con su primera parte y comienzo sepelio de mi abuelo lo

    Pasa la luz a través de los cristales, se refleja en mi cama, como dibujando su figura, juego con mi mano a cortarla, despacio... una y otra vez, asta notar su movimiento, la sombra la persigue incesante , que boba, nunca la atrapa. Un viejo reloj de pared marca las pautas, su típico sonido nos une, todavía hoy en día lo escucho,me trae malos recuerdos con sabor a vinagre y madera. El tic tac, es inconfundible, metido en mi memoria se hace eterno, tranquilizador si cabe, familia, infancia, navidad, frío, nieve, pueblo, campo...

    El sonido del caminar por la vieja casa de suelos de madera de la de antes, tablas  a golpe de martillo clavadas, chirriantes serrines compactos. Desde mi cama, cuando se hace la noche, se puede ver la luz entre esas maderas, como timbres en el tiempo, dejando caer en nuestros sueños lo más antiguo de los recuerdos, añejos, casi olvidados, pero certeros en nuestras costumbres acaudaladas. Si imaginamos el momento, podremos entender las cosas de nuestro tiempo, el porqué, o el qué no, son costumbres de antaño, desde los viejos tiempos, de cuando todo sabía a madera, pimentón agridulce y terruño.

    Todavía puedo ver a mis ancestros recorrer todo el terreno, a lomos de la yegua, rubia de nombre, y nerviosa de mote, lista como la que más, asta sabía abrir el portón de la entrada, pero no recordaba lo que enganchado llevaba, y contra el esquinazo lo estrellaba, dejando esas marcas, que todavía están presentes. Recuerdo a los más pequeños correteando, jugando con un palo y una cuerda colgando, haciendo las veces de látigo, para imitar  quien sabe , si al llanero solitario, de esas series americanas, que se dejaban mal ver en los televisores en blanco y negro, a los labradores sesgar las vidas de los pobres trigos, para poder hornear después de convertido en harina, ese pan antiguo, de leña en su horno metido. A todos ellos, sin excepción llevo, metidos en mi corazón y mis más viejos recuerdos, de esa época en que los niños dejan de serlo, para no llegar a ser mayores, quien sabe, si nunca en su vida.

    La casa era enorme, la fachada de adobe y piedra, grandes estancias, frescas, oscuras, llenas de recuerdos, de fotos de vírgenes y nietos, de sabor a pueblo, de olores a campo cultibado, a trigo recién trillado. Corredores en la segunda planta nos llevan a otras abitaciones, dormitorios los llaman, donde se duermen esas siestas de verano sofocado. En la planta baja, la cocina de carbón, de las que ya no se hacen, calentitas en invierno, dejando los cristales chorreando de sudor, de calor humano,de esos vahos, a comida de pueblo, hirviendo en esas hollas de cobre, o de barro de alfarero mañoso, que puestas en esos fuegos nos dan el confor y sacian el apetito, volviendo loco al más civil de los urbanitas. Ala izquierda de la cocina, sin necesidad de salir de ella si no se desea, se encuentra la habitación más fria de la casa, la llamaban la fresquera, allí la fruta sabía distinto, comorecién tomada del arbol, con todo su sabor guardado, pegada a la pared de la derecha, una cama donde dormir a pierna suelta en pleno verano.

    El patio intrior era grandioso, todo solado de hormigón, a la izquierda, los establos, donde descansaban las bestias tras el duro trabajo. Sobre estos, el granero, donde se guardaba la alfalfa en balas perfectamente ordenadas, desde un agujero estudiado, se dejaba caer justo encima del pesebre el alimento de esos animales hambrientos. Siguiendo esa fachada acia el norte, el gallinero, enorme y alto, lleno de palos en horizontales lineas, en el suelo tras unas maderas cavalmente colocadas ,los nidos de las ponedoras.

    En el fondo del patio estaba el taller de las herramientas, donde estaba aparcada la máquina limpiadora, qe hacía las veces de trillo, funcionaba a base de cribas que iban limpiando la mies, hasta dejarla limpia y separada del resto de impurezas, funcionaba con un motor de gasolina, improvisado con una bomba de sacar agua, adaptándola con inteligencia rural. En la pared todo tipo de herramientas colocadas sobre un mural de madera, en las tardes de siesta, recuerdo a mi abuelo, que era de poco dormir, como picaba la güadaña mientras el resto dormían plácidamente, o si no, se ponía a sacarle brillo a su viejo redoblante de metal y piel, dejándolo reluciente ast ahacer casi daño a la vista cuando bajo el sol ensayaba sus redobles y paloteos con habilidad de un maestro de lo s de antes, cuando el pan era amarillo y el franquismo hacía de las suyas entre los hombres buenos.

    A la dercha del  taller y bajo el fresco suelo, se encontraba la bodega, en su entrada un pequeño  horno para hacer el pan diario dominaba la estáncia, justo a la entrada y un poco a la izquierda, tras él, la puerta de esa bodega, en su interior no encontamos con dos o quizá tres cubas de vino y una pequeña para hacer el vinagre, transformada años despues en alacena y despiece del cerdo en su matanza por navidades. El suelo se puso con hormigón para quitar el polvillo de la tierra, se secaron las cubas y de adorno quedaron, ya no merecía la pena guardar sus caldos, en la cooporativa te lo traias cuando quisieras. Se cerró un buen día la puerta y no se abría demasiado, como si se supiera de ante mano que su labor había finalizado y ya era hora de su descanso...

    Saliendo de la bodega y mirando a la izquierda, la habitación donde se cogaban los chorizos , lomos costillares y jamones para su cura, en el fondo una chimenea con unas baras en lo alto para colgar en ellas lo que se quisiera ahumar, que es costumbre en Leon, dar ese toque en el sabor un tanto especial, se hacía humo con no sé muy bien que ramas o arbustos, ahogádolos sin que llegasen a arder para de este modo sacarle el humo y llenar esa chimenea para el ahumado de lo allí colgado. Lo que recuerdo desde siempre, es la antena de televisión puesta en el fondo del tejado, erguida ante el cielo para que se viese el baloncesto en esa tele en blanco y negro de aquellos años. A mi abuelo le encantaba ese deporte, es lógico , él era de una estatura considerable, espigado y seco en sus facciones, de habla directa y llana, sin tapujos ni tonterías, con pocos radeos en lo que viniese a bien decir. Aunque cariñoso y amable para con los suyos, siempre andaba haciendo gracias, juegos de cartas y malabares con dos cucharas o con lo que pillase a mano.