El día era ventoso y desapacible como nunca se había recordado, el sol a penas llegaba a través de los cristales de la choza. Mirando desde dentro parecía gélido, pero obligaciones del sustento te hacían salir a esas montañas nevadas repletas de peligros. Miro a la chimenea y me reconforto, su calor te da la vida y algunas comidas calientes,que apaciguan el estómago y el alma... Mas a la derecha, junto a la pared, una mesa desvencijada, sus cuatro sillas adornan el trozo de madera desgastada, donde ponemos lo que nos llevamos a la voca en cada velada. A la izquierda de la chimenea un camastro construido con unos troncos talados y una tela matálica hace las veces de somier improvisado, sobre este un biejo gergón con hojas de maiz lo rellenan y sobre el, una piel de oso algo pelada por el uso en los duros inviernos en esas montañas perdidas de la mano de Dios.
continuara pronto , lo prometo, ahora el sueño me vence , jejejeje
continuara pronto , lo prometo, ahora el sueño me vence , jejejeje
1 comentario:
El invierno es duro en las montañas, pero en este mes caluroso de agosto.. jejeje se agradece un frescor nevado......
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