Abro los ojos y…. no hay nada…. Oscuridad absoluta, ¿qué ha pasado? ,donde estoy?, no se oye nada…. Me susurro a mí mismo y sigo sin oír nada, con sumo cuidado extiendo mi brazo…. Nada…. Con la punta de los dedos toco a mi alrededor y nada….,se respira bien, eso resulta esperanzador, no siento nada, pero mis sentidos se acentúan a causa del miedo, desolación , calma, no te muevas, parece que una leve brisa entra por algún sitio, pero en esta oscuridad es difícil saberlo, noto el frescor en mi cara, alivia la tensión de mi cuerpo….. es imposible , como he llagado aquí, cuánto tiempo ha pasado?, no lo sé.
En la bodega de carga todo estaba preparado para la travesía, los encargados de los víveres se afanaban para colocar todo en su sitio, la marcha era inminente, y nadie savia donde se dirigían. El planeta conocido estaba demasiado lejos y no era lógico salir sin rumbo alguno, pero era vital escapar de allí cuanto antes. La atmósfera se hacía irrespirable por momentos, casi te asfixiaba quemándote hasta las entrañas, con los ojos enrojecidos por los gases apenas distinguían la ruta a seguir para llegar a la nave, gracias a los portadores, esos animales enormes que aguantaban largas jornadas sin gastar nada de agua, robustos y fieles te guiaban por esas dunas de fina y blanquecina arena.
Tras los muros de la ciudad se esconde una torre de cristal de un azul tenue, como de cielo despejado, en su interior, se encuentran todos los sabios de esa parte de la galaxia. Rodeados por los últimos libros escritos por el hombre, pergaminos , manuscritos llenos de dibujos coloreados con la sangre de los custodios de los mismos, mapas de lugares insospechados que despiertan la curiosidad de quienes tienen el honor de poder atisbarlos , bibliotecas de prosa revuelta e incomprendida por los ilustrados de la época y algunos lienzos de artistas desconocidos. Más al fondo, en una pequeña caja de madera envejecida, se esconde un secreto, nadie sabe de lo que se trata, algunos especulan que puede tratarse de alguna piedra preciosa de incalculable valor, otros, por el contrario, dicen que puede ser un mapa que esconde algún secreto de un poder inimaginable, otros, en cambio, desdicen todo lo anterior asegurando que todo son historias de viejos, leyendas para suscitar el odio y la avaricia del hombre, pero lo que sí está claro, es que nadie había sido capaz de abrirla, para poder descubrir lo que en su interior se guarda con tanto secreto. La pequeña caja tenía en el exterior una extraña cerradura con formas aristadas y hendiduras redondeadas, las cuales habían sido estudiadas por los cerrajeros más reconocidos de la galaxia, sin conseguir ningún resultado. No en vano, se continuaba estudiando la forma de acceder a su interior con éxito, pero no se conseguía.
En los jardines de palacio paseaba una dama de alto postín ,altiva y prisionera de su propio destino, deseosa de que algún día cambiase su suerte. Quizá ese día había llegado, en palacio, un hidalgo altivo donde los haya, de rubios cabellos ensortijados, y largos como una jornada sin agua, trenzados con sumo cuidado por doncellas célibes. Ataviado con su coraza de un material nunca visto por nadie….. ligero como una pluma y duro como el acero, ornamentado con los más diversos repujados, y sobre todo de un brillo deslumbrante, decían que su aleación era un secreto guardado por los más cultos alquimistas de la época. En su portentoso brazo, una lanza robusta y certera, en cuya punta, tenía tres puntas mortales, desgarradoras de hombres y bestias, de él se decía que era quien había acabado con la vida del último dragón existente. En su espalda portaba un arco fabricado por elfos, que sus flechas jamás encontraban fin, por más que lanzase, siempre quedaba alguna en su lugar, como si de magia se tratase. En su cinturón, una enorme espada sobresalía por debajo de sus rodillas, cuya empuñadura estaba repleta se extraños nombres en otro idioma, el guardamanos era en cruz, con puntas astadas y agudas, su hoja, recubierta de un baño de algún tipo de mezcla rara, nunca perdía el filo, ni su brillo natural, pesada era lo justo, para dar mandobles a diestro y siniestro cuando la ocasión así lo requería. Bajo el otro brazo, un yelmo del mismo tono que su armadura, en cuya testa nacía un mechón de cabellos , que según cuentan , perteneció a la larga cabellera de su amada madre. La capa era de un color azul intenso por fuera y un gris perlado por dentro, que cuando era azotada por el viento se divisaba a lo lejos el juego de esos dos colores. Su estatura alcanzaba fácilmente el uno noventa, de ancho pecho y musculados brazos, rápido y eficaz como Aquiles, bravo y fuerte como Hércules y hermoso como un Ángel caído del cielo, su nombre era sin duda predecesor de su persona, Titán se llamaba, y por donde pasaba todos le reverenciaban como a su justo salvador y cuidador de todas las cosas. Montado a lomos de su corcel, blanco como la nieve, se dirigía al encuentro de su Rey y amo, con paso firme y seguro, dejando una estela de esperanza y luz.
La princesa, sabedora de la llegada del portentoso Titán, corría por los pasillos de palacio, con la esperanza de encontrarse con el aclamado príncipe, antes de que ninguna otra se adelantase por tan importante séquito.