Aquí yace un alma, que desterrada de su propio olvido, vagabundea cabizbaja. Viaja de acá para allá sin a penas detenerse más de lo justo, observa con la mirada perdida, con ese mirar gris y opaco que tienen algunas almas viejas, castigadas de tanta vida pasada y de duelo llenas. Ese profundo mirar gélido, que atormenta en las noches silenciosas y solas... A penas roza la carne separada de los huesos y mal oliente, su pestilencia se hace notar desde lejos, llega a enturbiar todo a su alrededor, dejándonos mareados y Asqueados de tanta hipocresía barata, de tanta mirada envidiosa, de tanta soledad del alma...
Continuaré mirando desde lejos, apartado de éste mundo, solitario en mi interior oscuro, ciego por dentro y triste por fuera. Celoso de mi sombra que siempre me observa de cerca, me persigue sedienta de venganza, arta de tantos cadáveres en ese cementerio mío, ese pedazo de tierra oscura y mojada con tantas lágrimas como agua en el mar existe. Con ese vacío mudo y frío, con esa soledad interior y eterna, ancestral, universal. Ese llanto íntimo que agudo rasca y anuda la garganta. Ese temor a uno mismo que arrastra a vivir sin más. Ese pesar ronco que agita todos los sueños en las noches largas, casi interminables y de soledad llenas.
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