Me gustaría saber lo que se dicen las hojas de los árboles al caer al suelo secas, moribundas. Caen mientras miran a los cipreses perennes, eternos. Me gustaría saber en qué piensan las piedras al rodar por la montaña, arrancadas de un todo, de esa inmensa masa ancestral, cual debe ser su sentir diminuto, perdido, diseminado ya para siempre. Me gustaría saber si las lágrimas también lloran, si saben el porqué de su existencia. Me gustaría saber a que se dedica el amor cuando duerme, donde se esconde, por qué motivo duele algo que es incorporeo. Me gustaría saber de que hablan las miradas, como serían de viajar solas, sin nuestro control absurdo. Me gustaría saber el porqué, o el porqué no, sin más. Poder oler el silencio, ser capaz de sobrepasar un sueño y dejarlo atrás sin a penas tocarlo. Me gustaría poder caminar invisible, sin huella. Me gustaría ser telépata por momentos, o no serlo jamás en esa adivinanza aventajada que para algunos es la vida. Me gustaría dormir sin pensar y recordar mis sueños al despertar. Me gustaria desconectar la mente de vez en cuando y no saber más, ser menos humano y vivir en paz. Me gustaría, sí, pero es un deseo, un sueño, o quizás un suspiro, o el simple preludio de ese viaje final..., me gustaría vivir y nada más... dicho queda.
Relatador de letras retorcidas y a veces amenizadas en la desconfianza de algunos vagos de mollera, acumulador de experiencias ajenas, a veces poco oportunas, inventor aventajado de relatos cortos.cuentacuentosss... , para niños grandes con andares de viejo.Amigable y ordenado en el habla, adicto a la oratoria escrita.
sábado, 19 de marzo de 2016
sábado, 5 de marzo de 2016
Nocturno...
Aquí yace un alma, que desterrada de su propio olvido, vagabundea cabizbaja. Viaja de acá para allá sin a penas detenerse más de lo justo, observa con la mirada perdida, con ese mirar gris y opaco que tienen algunas almas viejas, castigadas de tanta vida pasada y de duelo llenas. Ese profundo mirar gélido, que atormenta en las noches silenciosas y solas... A penas roza la carne separada de los huesos y mal oliente, su pestilencia se hace notar desde lejos, llega a enturbiar todo a su alrededor, dejándonos mareados y Asqueados de tanta hipocresía barata, de tanta mirada envidiosa, de tanta soledad del alma...
Continuaré mirando desde lejos, apartado de éste mundo, solitario en mi interior oscuro, ciego por dentro y triste por fuera. Celoso de mi sombra que siempre me observa de cerca, me persigue sedienta de venganza, arta de tantos cadáveres en ese cementerio mío, ese pedazo de tierra oscura y mojada con tantas lágrimas como agua en el mar existe. Con ese vacío mudo y frío, con esa soledad interior y eterna, ancestral, universal. Ese llanto íntimo que agudo rasca y anuda la garganta. Ese temor a uno mismo que arrastra a vivir sin más. Ese pesar ronco que agita todos los sueños en las noches largas, casi interminables y de soledad llenas.