Siembro en lo angosto de mi cordura tempestades mudas, que amargas llenan la soledad de mis pensares oscuros. Tropiezo entre Soles y Lunas acariciando los manjares que mi asnedad donan, sin ser capaz de mojar los corazones que con aquestas tintas lloran.
Mezclo las estrellas con furia, y las lanzo de nuevo al tapete oscuro allá en los cielos, como si dados de infortunio fueren, esperando que ese Grupier blanquecino reparta mejor suerte, mientras agito mi alma para ver si se despiertan mis sones. Y las mariposas no se ven grillos chirriando mi mente a borbotones...
Avanzo en llantos por mis arenas hundiéndome hasta el cuello, que ni exijo ni espero, tan solo muero por dentro a dentelladas de vida vana, envejeciendo con cada aliento al compás de mis miedos.
Y aquí queda constancia de ello, marcado por el hierro candente forjado en el averno, que jamás fui tal listo, tan solo terco, tan solo hombre fuera de mi tiempo, tan solo tiempo y de polvo hecho, tan solo eso, nada... quizás un soplo de viento. Un aliento, un silencio eterno...
Dicho queda...
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