Se colocaba la falda girándola desde la cremallera, mientras, la camisa de seda blanco roto caía de forma desigual y un tanto alborotada desdibujando la figura del conjunto. Las medias negras perfectamente estiradas, el sostén marcado en esos pechos grandes y duros, el cabello caído totalmente por delante, liso,azabache, largo como esos días sin pan, frondoso como los bosques de las fotografias, esos que llenan con su sola presencia. El ir y venir de puntillas por toda la casa buscando el bolso, las bragas, los recuerdos... Oliéndose sin parar con la esperanza de que no lo noten, nerviosa por saber que no está bien, que no lo merece, que amas del otro lado de tu cama a quien tan solo te da placeres sencillos pero esenciales como el agua, brutales como tu mirada, salvajes como mi espada... Vuelve a tu vida sembrada, sonríe sin ganas ante quien de veras te ama, y dale de vez en cuando un trocito de tu alma, unos segundos bajo las sábanas. Yo estaré aquí, devorando vidas, consumiendo ánimas, destrozando sedas con la luz casi apagada, esperándote sin pensar en nada, desnudo como el esclavo que espera el látigo en la espalda, deseando que vuelvas a poner esa falda girándola mientras te hueles desesperada....
Dicho queda.
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