Sueños de pasión,(
segundo relato)
Un vestido rojo
sangre ceñía tu cuerpo marcando cada centímetro de piel, curvas insinuantes de
lujuria hablaban a voces, el contoneo dulce de tus caderas alzaban las miradas
de todos los hombres mientras con delicadeza encendías un pitillo con aroma a nostalgia.
La luz tenue acariciaba el momento inspirando a los poetas a trazar renglones
de desespero, nervios y tensión sensual se desbordaban en aplausos y silbidos
con descortesía esperada y deseada por la joven rubia de bote, sus pechos
marcaban el contorno de ese busto prominente, las piernas desplazaban ese
monumento a la lujuria de acá para allá como en un desfile de ondas sonoras y
sordas al tiempo, nadie se podía perder aquel baile nocturno.
En el dormitorio
del hotel estuve esperando cerca de una hora tu llegada, el cenicero tenía el
fondo cubierto de colillas, el humo paseaba por toda la estancia haciendo que
todo pareciese de novela policíaca, las cortinas a medio correr dejaban entrar
la poca luz que las farolas de la acera del otro lado de la calle desprendían
con la justa intensidad… el reloj sobre la mesilla de noche movía sus agujas
marcando cada segundo de desespero por probar esa fruta madura, las sábanas
estaban entre abiertas, como invitando a meterse en ellas y cerrar ese sobre
fresco y limpio, a los pies de la cama un mantita perfectamente doblada daba un
toque de calidez, me senté en un tresillo que dejaba ver lo que por la ventana
sucedía, cualquier sonido me sobresaltaba deseoso y esperanzado. Tras la puerta
que da al pasillo se escuchaban pasos de los vecinos fortuitos que llegaban a
pasar la noche, ningún sonido de tacón femenino me hacía sospechar la esperada
llegada de ese ángel envuelto en una tela con color de averno, si estuviera
cerca lo habría notado, su perfume anunciaba la llegada de Cleopatra ante sus
súbditos, era inconfundible y embriagador.
Me quedé
dormitando en mi asiento de primera fila, cuando de repente suena el timbre, un
sonido corto, tenue, para no llamar la atención, me puse en pie y sin titubear
abrí la puerta de la habitación. Allí estaba esa rubia despampanante apoyada en
el quicio de la puerta , me miró de arriba abajo un par de veces, sonrió, me
guiñó un ojo y me empujó con su mano derecha hasta casi tumbarme en la cama, se
acarició por encima del vestido y me lanzó un beso con su mano derecha… me quedé semi tumbado en la cama observando
sin mediar palabra, ella se soltó el pelo que llevaba recogido con cierta
gracia y dejó caer la melena que le alcanzaba a tapar los hombros por completo…
se giró dándome la espalda descubierta hasta la parte inferior de la cintura,
se acarició el trasero dándose un cachete final. Se giró de nuevo poniéndose esta
vez de perfil, con su mano izquierda agarró su sabroso pecho estrujándolo,
mientras con uno de sus dedos acariciaba el pezón endurecido por el momento,
con la otra mano empezó a acariciarse el pubis con fuerza a la vez que con su
dedo corazón apretaba el centro de ese monte buscando un placer certero, yo no
sabía dónde mirar, arriba o abajo… la excitación era tal que el pantalón
estorbaba por momentos… ella se daba perfecta cuenta de mi estado y sonreía de
manera lasciva, lo que me ponía todavía más excitado…
Se acercó a mi
despacio… dejándose ver bien, marcando cada movimiento con armonía medida… puso
sus piernas entre una de las mías, me tomo la mano y la metió por debajo de ese
vestido con color de pecado… noté en seguida que no llevaba ropa interior, su
jugo me empapó toda la mano, lo tenía rasurado, abrió un poco más las piernas e
introduje uno de mis dedos entre sus labios, despacio… sin prisas…
acariciándolo, rozando levemente su clítoris de vez en cuando, ella se
estremecía lanzando pequeños gemidos… yo cada vez intensificaba más y más… ella
se retorcía, temblaba… me agarró de los hombros para no perder el equilibrio
mientras gozaba…, con mi otra mano la acariciaba un pecho dando pequeños
pellizquitos a ese pezón duro, ella se
mordía el labio y entre velaba los ojos, estaba a punto de irse, y yo estaba a
cien…
Tras lo sucedido
se quitó el vestido, yo mientras me apresuré a despojarme de mis pantalones,
era escultural… me empujó de nuevo, esta
vez quedé totalmente tumbado sobre la cama desnudo de cintura para abajo… me
agarró el miembro y empezó a frotar sin
freno, yo empecé a degustar el placer de esas manos cálidas, acercó su boca y
se puso a lamer el glande al tiempo que su mano no paraba de viajar en ambas
direcciones, mientras , con la mano que le quedaba libre, se acariciaba la vagina
introduciendo uno de sus dedos mientras que con el otro se tocaba el clítoris…
justo en el momento exacto se detuvo, yo respiraba a gran velocidad, el corazón
me latía a tope de revoluciones, entonces ella se puso sobre mí, introdujo mi
miembro dentro de su cuerpo y empezó a moverse sin parar, sus nalgas golpeaban
con fuerza sobre mis muslos sonando a carne sobre carne, una y otra vez… nos
retorcíamos de placer al tiempo que nos acariciábamos por todo el cuerpo, besos
y lametones sin descanso acompañaban ese ritual ancestral…, yo agarrado a sus
nalgas acompañaba la ida y venida cada vez con más y más fuerza, más y más… y
másssss….. La noche transcurrió con mil
y una posturas imposibles, cada vez dominaba uno la situación, así hasta que el
cansancio hizo mella quedándonos profundamente dormidos….
Una luz potente me
hizo abrir los párpados, tuve que poner la mano en la cara para cegarla un
poco, era el sol que empezaba a molestar, tendí mi brazo al otro lado de la
cama y no encontré nada, me incorporé , miré a mi alrededor pero no había
nadie…, solo un aroma a perfume francés embriagaba toda la habitación. Sobre la
mesilla una nota y algo de dinero, la cogí enfadado y me dispuse a leerla:
“ Gracias encanto,
me he tenido que ir, mi marido está a punto de regresar de su viaje, cómprate
algo de ropa y una botella de buen vino, el próximo sábado en el mismo lugar,
chao”
La estrujé con
fuerza en mi puño para luego lanzarla con desprecio, quien se cree que es?,
vaya… Me di una ducha caliente, cogí el
dinero de la mesilla, me puse la ropa sin prisas y tras fumarme un último
pitillo abandoné la estancia mientras entonaba silbando una vieja canción a
corde con lo vivido, resistiré creo que se titulaba, no estoy muy seguro…, “juas juas juas”.
Bajé por las
escaleras de madera vieja hasta llegar al vestíbulo, me asomé por la ventanita
corredera e hice un gesto al recepcionista para que me cobrase el tiempo de más
usado, pero me dijo que ya estaba todo pagado y que me podía ir, esto me hizo
enfurecer, parecía que me estaba comprando,
pero no le puse más peros y salí a la calle mientras entonaba mi canción
hasta llegar a la esquina para tomarme un buen almuerzo.
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