Bragado es el astado, seiscientos kilos de fuerza..., dos cuchillas en la testa asoman amenazantes mientras el diestro en el centro del ruedo espera..., la montera boca arriba desafía la suerte..., dos manoletinas marcan firmes en la arena huellas de valentía..., un Sol de justicia golpea al animal y al torero..., mientras vítores suenan haciendo ecos por todo el ruedo. Capote en mano templado se deja en la misma puerta de chiqueros..., con los ojos clavados en la oscuridad que ya se queja golpeando desde adentro..., ya sale desbocado el bravo castado..., ciego de fuerza golpea las tablas babeando las arenas y el maestro se templa... se tensa y recibe esos dos pitones con mensaje de muerte..., la bestia se pasea y retoma con casta a ese trapo pesado ..., ya suenan clarines y timbales cierran, la suerte está echada..., a picarlo con maestría por lanzas que aflojan la sangre tiñendo la blanca arena de un color grana..., el morlaco mete riñones y al caballo alza..., casi lo voltea..., pero el picador aprieta con fuerza..., lo justo para no doblarlo.
Suena a tercio de banderillas, y el diestro toma la suerte con gallardía poniéndolas en las cruces, un par y otro más, el toro entra ciego y el maestro lo engaña. Unos muletazos de pecho y algunos saltos de rana rematan para entrar a matar con destreza, colocado frente a las tablas el bragado se encuentra..., lo incita y el animal se arranca en un último empujón..., la espada entra hasta la bola dando muerte segura..., se acerca junto a las tablas, dobla las manos y tranquilo se acuesta..., la puntilla lo descabella de un solo golpe certero..., el astado ha muerto.
Pañuelos blancos asoman por todas partes como un manto de suave lana, el presidente acepta, el público se ceba, otra¡¡¡¡¡, otra¡¡¡, grita sin aliento..., el graderío parece nieve, el presidente cuelga el pañuelo de nuevo, el rabo se resiste, es casi imposible..., no llega ese rabo, pero el diestro sonríe por el trabajo bien hecho. Vuelta al ruedo a hombros y salida por la puerta grande..., las mulillas trabajan sonando cascabeles..., su rastro desaparece por donde la oscuridad esconde..., los clarines llaman y los timbales marcan el segundo de la tarde, que el primero ya fue brindado al respetable que con ganas espera el siguiente de la tarde... dicho queda, pormilaber
Suena a tercio de banderillas, y el diestro toma la suerte con gallardía poniéndolas en las cruces, un par y otro más, el toro entra ciego y el maestro lo engaña. Unos muletazos de pecho y algunos saltos de rana rematan para entrar a matar con destreza, colocado frente a las tablas el bragado se encuentra..., lo incita y el animal se arranca en un último empujón..., la espada entra hasta la bola dando muerte segura..., se acerca junto a las tablas, dobla las manos y tranquilo se acuesta..., la puntilla lo descabella de un solo golpe certero..., el astado ha muerto.
Pañuelos blancos asoman por todas partes como un manto de suave lana, el presidente acepta, el público se ceba, otra¡¡¡¡¡, otra¡¡¡, grita sin aliento..., el graderío parece nieve, el presidente cuelga el pañuelo de nuevo, el rabo se resiste, es casi imposible..., no llega ese rabo, pero el diestro sonríe por el trabajo bien hecho. Vuelta al ruedo a hombros y salida por la puerta grande..., las mulillas trabajan sonando cascabeles..., su rastro desaparece por donde la oscuridad esconde..., los clarines llaman y los timbales marcan el segundo de la tarde, que el primero ya fue brindado al respetable que con ganas espera el siguiente de la tarde... dicho queda, pormilaber
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