sábado, 17 de septiembre de 2011

MIEDOS EN LA PIEL

   
    Amistad compartida en una  habitación entre dos camas, tres meses de espera deseada, miedo a perder lo ya concebido, corazón y amistad unidas en un reflejo de ansiedad permisiva. Miradas fortuitas descienden por cuerpos semidesnudos, caricias en la mente de jóvenes  atraídos por un sentimiento secreto entre ambos, sin saber el uno que el otro comparte lo mismo, disimulo de miradas cruzadas iluminadas por el reflejo de una ventana entre abierta.
    Caída de una almohada en el suelo, viaje de centímetros arrastrado por unas manos poderosas, billete  prestado por una mujer  romántica llena de deseos, final de trayecto en esa estación masculina, choque de trenes de pechos contra pecho. Caricias y millones de besos, besos de amor descubierto, al instante, eternos, impasibles en el tiempo, temblores de sudor extremo. Envestidas de unas almas concebidas para el deseo de amar, sueños realizados jamás pensados, determinantes para la unión futura.
    Vida afortunada 20 años concebida, altibajos compartidos por los acontecimientos acaecidos, normales en todo ser humano. Felicidad ganadora a pulso de sucesos involuntarios por el destino.
    Muestra de amor con  tres frutos donados por la esencia de la vida, padres orgullosos de tales resultados buscados por ella queridos por los dos.
   Puñalada traicionera  de ese destino caprichoso, casi maligno, arrebatador de vidas, destructora de futuros planeados para toda la vida, truncados por un motero inocente en su propio destino, abandonando involuntariamente a los que más quería, su amada y tres hijos.

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