jueves, 27 de mayo de 2021

Al compás de mis sones

Un mechón gris caía acariciando la mejilla, sobre esa melena negra, parecía estar enfadado con el resto, dando un toque en contraste,  rompiendo la mirada de aquellos que se cruzaban. Tan solo la sonrisa que Julia regalaba en todo momento,  ayudaba a mirar el centro de esa cara adornada con algo de maquillaje y unos labios finos y delicados...
 
  La sala tenia una iluminación suave aunque suficiente,  las paredes brillaban con toda esa madera barnizada en un tono pajizo, dando la sensación de haber entrado en las entrañas de una hebanistería de esas de antaño, donde el maestro esculpía con su formón la madera  recién cortada.
Frente al público,  una oscuridad casi tenebrosa te espera con las fauces abiertas, deseando devorarte si no cumples sus expectativas, esperan aquello que otras veces ya has dado, aquello de lo que todos hablan y solo unos pocos alcanzan.
En medio del escenario, un ataúd negro con tres patas alumbrado por un foco, la tapa abierta está sujeta tan solo por un punto mediante un listón tan negro como el resto. Un taburete rectangular en madera y piel acolchada encabeza esa marcha casi fúnebre,  tan solo una dentadura entre blancos y negros destaca bajo unas letras doradas que dan nombre a todo el conjunto. 

Se asoma Julia a esconfidas entre bambalinas, no es la primera vez, pero los nervios hacen cosquillas en el paladar, los dedos largos y finos parecen percibir la cercanía del momento,  deseosos por acariciar ese féretro.  Suenan unos aplausos, es el momento, ya no hay vuelta atrás... Sale con decisión y respeto al tiempo, cesa todo sonido en el anfiteatro,  silencio sepulcral, tan solo suenan los tacones bajos como un diapasón marcando un tempo imaginario a cada paso. Toma asiento ante el féretro zaino cual astado, y con sutileza extrema, acaricia esas teclas como una madre acaricia el rostro de un recién nacido. 

 Suena una nota acompañada por un acorde tenebroso, lánguido... Y sin más dilación,  todo un conjunto armónico y cadente llena asta el último rincón, acariciando cada alma y cada oído allí presentes. Los dedos vuelvan de lado a lado, los años de dedicación exclusiva, las horas eternas de no ir al cine, de no conocer a ese primer amor, de no disfrutar de amistad alguna. Tan sólo las partituras y el dolor agudo en cada falange han sido su compañía,  y aquí está el fruto para deleite nuestro, solo nuestro quizás,  imagino que habría que preguntarle a ella... quizás... quien sabe.

Dicho queda (pormiláber).

sábado, 22 de mayo de 2021

q significa ser vieja?

¿Qué se siente al ser vieja? (Texto anónimo)
El otro día, una persona joven me preguntó: -¿Qué sentía al ser vieja?-
Me sorprendió mucho la pregunta, ya que no me consideraba vieja. Cuando vio mi reacción, inmediatamente se apenó, pero le expliqué que era una pregunta interesante. Y después de reflexionar, concluí que hacerse viejo es un regalo.
A veces me sorprendo de la persona que vive en mi espejo. Pero no me preocupo por esas cosa mucho tiempo. Yo no cambiaría todo lo que tengo por unas canas menos y un estomago plano. No me regaño por no hacer la cama, o por comer algunas "cositas" de más. Estoy en mi derecho de ser un poco desordenada, ser extravagante y pasar horas contemplando mis flores.
He visto algunos queridos amigos irse de este mundo, antes de haber disfrutado la libertad que viene con hacerse viejo.
-¿A quién le interesa si elijo leer o jugar en la computadora hasta las 4 de la mañana y después dormir hasta quien sabe qué hora?- 
Bailaré conmigo al ritmo de los 50's y 60's. Y si después deseo llorar por algún amor perdido...¡Lo haré! 
Caminaré por la playa con un traje de baño que se estira sobre el cuerpo regordete y haré un clavado en las olas dejándome ir, a pesar de las miradas de compasión de las que usan bikini. Ellas también se harán viejas, si tienen suerte...
Es verdad que a través de los años mi corazón ha sufrido por la pérdida de un ser querido, por el dolor de un niño, o por ver morir una mascota. Pero es el sufrimiento lo que nos da fuerza y nos hace crecer. Un corazón que no se ha roto, es estéril y nunca sabrá de la felicidad de ser imperfecto. Me siento orgullosa por haber vivido lo suficiente como para que mis cabellos se vuelvan grises y por conservar la sonrisa de mi juventud, antes de que aparezcan los surcos profundos en mi cara.
Ahora bien, para responder la pregunta con sinceridad, puedo decir: -¡Me gusta ser vieja, porque la vejez me hace más sabia, más libre!-. 
Se que no voy a vivir para siempre, pero mientras esté aquí, voy a vivir según mis propias leyes, las de mi corazón. No pienso lamentarme por lo que no fue, ni preocuparme por lo que será. El tiempo que quede, simplemente amaré la vida como lo hice hasta hoy, el resto se lo dejo a Dios.
Anónimo.